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Congelamiento: estrategias de los súper contra multas
• Abastecen más rápido a intendencias K, donde hay más fiscalizaciones y controles, que a las opositoras
Guillermo Moreno y Martín Insaurralde
Carrefour, Walmart, Disco-Jumbo y Coto saben que en las localidades donde los intendentes kirchneristas gobiernan, sacan a sus funcionarios y a militantes a la calle para verificar y fiscalizar que el congelamiento se cumpla. Como contrapartida, en las localidades donde el apoyo a la Casa Rosada languidece, los funcionarios no se dedican a recorrer las góndolas. Como consecuencia: el aceite, el azúcar, la yerba y la harina se encuentran disponibles con más contundencia en las primeras regiones que en las segundas. No es una cuestión política. Los supermercados no quieren ser multados ni castigados por Moreno, y trasladan más productos potencialmente faltantes a las intendencias fiscalizadoras que a las que consideran que el congelamiento no es la herramienta ideal para combatir la inflación. O que sus funcionarios están para otras cuestiones.
En el primer grupo de locales de supermercados, donde se encuentra harina, yerba, azúcar y aceite con mayor facilidad, se menciona a Lomas de Zamora (Martín Insaurralde), Merlo (Raúl Othacehé), Ituzaingó (Alberto Descalzo), José C. Paz (Mario Ishii), Morón (Lucas Ghi), Florencio Varela (Julio Pereyra), Lanús (Darío Díaz Pérez) y La Matanza (Fernando Espinoza), entre otros. Como contrapartida, es más fácil que las góndolas estén vacías de esos cuatro productos en localidades como Hurlingham (Luis Acuña), Malvinas Argentinas (Jesús Cariglino), Escobar (Sandro Guzmán), La Plata (Pablo Bruera), Darío Giustozzi (Almirante Brown), Vicente López (Jorge Macri), San Isidro (Gustavo Posse) y, obviamente, Tigre (Sergio Massa). La culpa no es de Moreno, su congelamiento ni de las agrupaciones políticas como La Cámpora, Movimiento Evita o similar, sino de los privados que saben que los fiscalizadores son inflexibles en el primer grupo y casi no existen en el segundo.
No fue, además, una estrategia planificada de los supermercados, sino consecuencia de la observación empírica. Éstos vieron cómo en las intendencias kirchneristas los controles se multiplicaban, mientras que en otras regiones lejanas a la Casa de Gobierno sus locales no eran visitados. El siguiente movimiento fue obvio y ligado más al instinto de supervivencia que a una estrategia comercial: los primeros son abastecidos de productos congelados (por el acuerdo con Moreno) con más rapidez que los segundos. Con esto los supermercados evitaron sanciones morenistas que podrían haber llegado hasta la mismísima clausura.
Listado
El listado de 500 productos continúa como al principio de junio. Esto es, con un contenido bastante libertario. Cada empresa puede confeccionar su propio grupo de productos que considere pasibles de ser mantenidos con precios estables, al menos hasta las elecciones de octubre. Deben ser además artículos que los implacables inspectores del INDEC puedan identificar en sus encuestas mensuales. Tienen que ser también reconocibles en las góndolas por los militantes populares del Gobierno y los enviados de los intendentes, para que puedan velar por la eficacia del mecanismo para frenar la inflación, al menos en parte.
Cumpliendo estas premisas bajo fiscalización, cada empresa hizo su propio listado, pero logrando cierta curiosa coincidencia. Así, se pueden sacar algunas conclusiones generales sobre lo que se considera para los supermercados una lista nacional y popular para combatir la inflación.
En realidad, son 500 ar-tículos, no productos. Éstos son en realidad 140, de los cuales sólo 35 pertenecen a la canasta básica que mide el INDEC para determinar quién es pobre y quién no en la Argentina. Los listados no incluyen pescado y sólo hay un tipo de pan, pero no el común. Para el IPC no interesa este dato, ya que sigue midiendo el pan a $ 2,5 que se vende cerca de la casa del secretario de Comercio. Hay sólo dos frutas (manzana y naranja), dos cortes de pollo, poca verdura, una presentación de azúcar y huevos con envases de treinta unidades, no menos. Pero sí hay siete presentaciones de vinagre, ocho de sal, doce de aceitunas, seis postres helados, 29 tipos de vinos, diez de cervezas, cinco clases de copos de maíz, 22 de galletitas y cuatro de palitos salados. Casi no hay fiambres, pero una empresa aportó panceta salada, que forma parte de la canasta básica, pero en Estados Unidos o lugares con bajas, muy bajas temperaturas.
Hay ocho tipos de ceras depilatorias, 10 de tintura para el pelo, cuatro cremas para el cuerpo, una antiage, seis de protectores femeninos y 22 tipos de desodorantes. Hay varios tipos de pañales, pero no para bebés hasta cuatro meses. Hay alfajores y bombones, además de dos tipos de chocolates en barra. Hay gaseosas, pero sólo en su versión en lata.
La clave del acuerdo de los 500 productos no está en éstos y su creativa confección. La clave son los otros 10.000 o 15.000 productos que, según el supermercado de que se trate, quedarán liberados para que aumenten sus precios siguiendo la vieja regla de la oferta y la demanda. Si se hace memoria de corto plazo, el acuerdo morenista de principios de año era universal y abarcaba todas las góndolas.
Ahora, hay una concentración en 500 eclécticos productos que, se asegura, están a disposición del público, cada tanto.


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