17 de julio 2012 - 00:42

Constructores presionan a CAC para que proteste por crisis

UNA CÁMARA EN SILENCIO POR TEMOR A LAS PRESIONES OFICIALES Y A QUEDAR FUERA DE FUTURAS LICITACIONES

Carlos Wagner
Carlos Wagner
Las empresas del sector de la construcción están en crisis: muchas firmas -sobre todo del interior- están viendo cómo las administraciones locales y el Gobierno nacional suspenden obras públicas, las pagan con atraso y con cuentagotas, o eliminan proyectos que estaban en carpeta. Y las especializadas en obras privadas (edificios, countries, barrios cerrados, etc.) ven desaparecer los inversores que antes los financiaban y que han decidido «desensillar hasta que aclare» en lo que hace a costos, valor del dólar, posibilidades de traer fondos del exterior o girarlos al concretar la venta.

De manera llamativa, la Cámara Argentina de la Construcción (CAC) es una de las entidades empresarias que más se han llamado a silencio ante la crisis de su propio sector. Su presidente, Carlos Enrique Wagner, no ha dicho nada sobre el freno a la obra pública y tampoco sobre el hecho de que la obra privada se limita a completar lo ya iniciado, pero no hay nada nuevo en construcción. Las mayores esperanzas, dicen fuentes cercanas a la CAC, están puestas ahora en los créditos oficiales para sectores medios y bajos, que podrían reactivar la actividad.

De todos modos, el silencio de la CAC ya está provocando algunos chispazos en las reuniones de su comisión directiva, sobre todo por parte de las regionales del interior del país, que reclaman una mayor energía de la cámara a la hora de puntualizar las demoras en los pagos y la no realización de obras programadas y pactadas.

La que más reclama un cambio de actitud de la CAC entre estas regionales del interior es la Cámara de la Construcción de la provincia de Buenos Aires (CACBA), que ya habría venido planteando la necesidad de puntualizarle al Gobierno lo que está sucediendo; esto se agudizó con los anuncios sobre congelamiento de la obra pública por parte del gobernador Daniel Scioli.

Del otro lado de esta trinchera interna se ubican el presidente Wagner y una serie de empresarios con presencia a nivel nacional, todos ellos muy activos como proveedores del Estado (nacional y provinciales), que temen quedar fuera de futuras licitaciones si levantan la voz en esta coyuntura.

A nivel de obra pública, las más afectadas son las construcciones viales; es un hecho que hace tiempo no se hace un solo kilómetro de rutas (mucho menos, de autopistas o autovías), y las que estaban en marcha se detuvieron.

En sentido inverso, y con las demoras que impone la emergencia, siguen avanzando las ampliaciones de capacidad de transporte de gasoductos y el tendido de redes de media tensión, por citar un par de casos del frente más sensible para el Gobierno, y que no puede desatenderse: el energético.

Un ejemplo típico de este «parate» selectivo es el de la prolongación de la línea E del subterráneo porteño, entre Plaza de Mayo y Retiro. Los trabajos -que han convertido a la avenida Paseo Colón/Leandro N. Alem en un «slalom» gigante para automovilistas y el transporte público- llevan ya casi cuatro años. Se trata de unas quince cuadras de túnel y tres estaciones, y la obra es del Gobierno nacional, que claramente no ve la urgencia de dotar a la administración de Mauricio Macri de un nuevo tramo de subterráneos, cuando sigue la pelea por decidir quién los administra.

Hace algunos días (más precisamente el 4 de julio), Aldo Roggio, CEO de la constructora fundada por su padre Benito Roggio, explicaba en el cóctel de la Embajada de Estados Unidos que la obra había encontrado obstáculos importantes a la altura del Correo Central, y eso era lo que demoraba su conclusión. Sin embargo, es un viejo axioma en la actividad que la velocidad de una obra es directamente proporcional a los fondos con los que se cuenta para realizarla.

En lo que hace a la obra privada, no son pocos los constructores que ven con desazón cómo la denuncia de la crisis que los arrastra ha quedado en la boca de corredores inmobiliarios y otros sectores conexos a la actividad, ante el silencio de la CAC. Es que, tal como ya se ha dicho hasta el hartazgo, no hay inicio de obras nuevas y las que están en marcha se terminan con la esperanza de venderlas. La falta de acceso a los dólares (moneda históricamente utilizada para la compra y venta de inmuebles en la Argentina) ya está haciendo que constructores necesitados de fondos acepten pesos, pero a un tipo de cambio más cercano al dólar «blue» que al oficial o incluso al «celeste» (punto medio entre el blanco y el «blue»). Igual, son contadísimas las operaciones que se concretan en estos términos, lo que obviamente detiene cualquier posibilidad de emprender nuevos desarrollos.

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