- ámbito
- Edición Impresa
Contra Chávez y Bush, retoma Lula el discurso duro
A la amenaza que supone la crisis financiera para la exitosa economía brasileña, el presidente dejó de lado su habitual cautela. «Veo, con una cierta tristeza, que bancos muy importantes que se pasaron la vida dando opiniones sobre Brasil, diciendo lo que debíamos o no hacer, midiendo el riesgo de este país, haciendo propaganda para inversionistas sobre si Brasil era o no confiable, están quebrando, están convocando a sus acreedores», señaló ayer casi en línea «cristinista». Curioso: ese lenguaje combativo puede justificarse para la Argentina, peleada desde hace tiempo con la comunidad financiera internacional, pero no para Brasil, que ha sido colmado de elogios por ella.
El miércoles, en tanto, había defendido la eyección del representante estadounidense de Bolivia, Philip Goldberg, al afirmar que «si es verdad que el embajador estaba en reuniones con la oposición, teniendo injerencia, entonces Evo (Morales) actuó correctamente en expulsarlo».
El plato está servido. La postura brasileña del lunes en la cumbre de Santiago de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) había sido que los asuntos regionales (la crisis boliviana) deben ser resueltos dentro de la región. Es decir, sin Estados Unidos, cuya injerencia se impidió al evitar dar cualquier rol de la Organización de Estados Americanos (OEA). Es decir, bajo el liderazgo de Brasil.
La Cancillería argentina ha tomado debida nota de esto y actuó entonces en perfecta sintonía con Itamaraty. Ambas ignoraron las dos propuestas que llevó el venezolano a la reunión: una condena explícita a Estados Unidos en la declaración final y el envío de una fuerza de paz a Bolivia. Hacerse cargo plenamente del problema boliviano (incluso enviando pertrechos militares) permite a Brasil, además de excluir a Washington, relevar al bolivariano como principal garante del gobierno de Morales, enajenándole a éste su principal aliado en la región. El renovado lenguaje combativo le sirve también para dejar sin discurso a Chávez.
El fracaso en julio último de las reuniones para salvar la Ronda comercial de Doha fue, también, un fracaso de la política exterior de Brasil. Ese país había jugado fuerte a un acuerdo de liberalización comercial, lo que según muchos fue una traición a la Argentina y a los aliados del Grupo de los 20, como China, India y Sudáfrica. Y un abandono de las atávicas aspiraciones brasileñas de liderazgo sobre Sudamérica y el mundo en desarrollo. Con su nuevo estilo, Lula da Silva apuesta a enmendar semejante desliz.


Dejá tu comentario