13 de octubre 2009 - 00:00

Contrición; Cristina, una semana de negro

La semana pasada casi no hubo color en el guardarropa presidencial y abundaron las prendas negras.
La semana pasada casi no hubo color en el guardarropa presidencial y abundaron las prendas negras.
Cuando todo parecía indicar que el color había regresado para quedarse en el guardarropa presidencial, Cristina de Kirchner reflotó la opacidad a la que se entregó en el primer semestre. Aún no termina de decidirse por la estridencia y en los últimos días volvió a los trajes oscuros. Como el clima de primavera, que viene castigando con temperaturas imprevistas, el humor de la Presidente vira del colorido, como proponen los escaparates esta nueva temporada, al apagado «all black», como denominan los diseñadores a la vestimenta completamente negra.

En algo tiene justificativo, como el luto por la conmemoración de los caídos en Malvinas, a principios de semana, que terminó extendiéndose hasta el viernes, seguramente acompañando la tristeza por el fallecimiento de Mercedes Sosa.

Se mostró así con negro en los abrigos, pantalones, tailleurs, faldas y vestidos. Ni la promulgación de la ley de medios logró cambiar el humor de la dama, con algo de color en la ropa para manifestar mejor ánimo.

La indecisión a la hora de vestirse es asociada al uso del negro, de toda la paleta considerado bipolar ya que remite a significados opuestos. Se lo asocia también a los temores infantiles, las tinieblas, la muerte y el duelo. Hasta desde la Biblia, el negro está ligado a las adversidades, los difuntos y el pecado, y también al infierno. Pero en el extremo opuesto existe un negro más respetado, el de la templanza, la humildad, la austeridad, el que llevaron los monjes, los jueces y los árbitros, transformándolo en símbolo de autoridad. Y si bien fue el color de moda en el siglo XVI no sólo entre los eclesiásticos, sino también entre los príncipes (Lutero y Carlos V se vestían de negro), pasó a convertirse en un clásico infaltable del guardarropa tanto de damas como de caballeros, ideal para la noche y las fiestas.

Pero tampoco es cuestión de abusar del color sobrio. Es correcto que Cristina de Kirchner lo use, pero no seis días seguidos, como mostrando que no conoce de términos medios y termina por vulgarizar sus elecciones, hasta el punto de parecer «dark».

El mundo del fashion actual exige una paleta multicolor, más en primavera. Las últimas colecciones prêt à porter de las marcas y diseñadores más top, como Louis Vuitton, Alexander Wang, Jason Wu y Alexander Mcqueen, se basan en la ropa folk y hippie, donde se destacan los tonos subidos, como naranja, magenta, camel, rosa Dior, verde y rojo, que contrastan sobre bases blancas, grises y azules. A nivel local esta tendencia la impuso el modisto Benito Fernández con su colección étnica, que anticipó de la mano de la actriz Natalia Lobo. Imposible olvidar a esta dama en la entrega de los Martín Fierro, con falda y collar de lana en tonos estridentes, con los que se llevó el premio a la mejor lookeada (aunque la elección despertó polémica por ser considerada por algunos críticos -y envidiosos- como un modelo poco elegante).

Debería aprender la Presidente de otras damas tan reconocidas como ella, que sí saben usar el negro con glamour y elegancia. Penélope Cruz, Halle Berry, Angelina Jolie, Cameron Díaz, Catherine Zeta Jones, Eva Mendes, Demi Moore, Salma Hayek, Sarah Jessica Parker, Sienna Miller, Valeria Mazza, Gisele Bünd-chen y Naomi Campbell son algunas de las celebridades reconocidas por los especialistas en moda mundial por la elegancia que inspiran vestidas de negro. Ellas sí saben qué accesorios y maquillaje elegir para resaltar la oscuridad de los atuendos.

Otro ejemplo es la primera dama bonaerense, Karina Rabolini, que suele elegir el negro pero cortándolo con prendas, zapatos y carteras en colores neutros como el salmón, azul marino, blanco y manteca, contrastes suaves que resaltan los rasgos y dan un toque de sofisticación al look.

El problema es que la Presidente pareciera no admitir ayuda a la hora de vestirse. Insiste en ser ella la única artífice de su estilo, un estilo que carece de equilibrio.

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