18 de diciembre 2015 - 00:00

Corte exprés: jura diferida, un gesto que aplaca la furia del PJ

Daniel Scioli volvió ayer a escena. Se vio con José Luis Gioja y luego participó de una reunión de diputados del FpV/PJ antes de la marcha para repudiar los decretos de Macri.
Daniel Scioli volvió ayer a escena. Se vio con José Luis Gioja y luego participó de una reunión de diputados del FpV/PJ antes de la marcha para repudiar los decretos de Macri.
Los Juan Manuel, el salteño Urtubey y el bonaerense Abal Medina, uno anti-K y el otro PJ filo-K, vadearon las rispideces internas y compartieron en el (geográfico) fin del mundo, en la otra vez peronista Tierra del Fuego, una juntada con tres de los escasos escuderos políticos de Mauricio Macri: el ministro del Interior, Rogelio Frigerio; Emilio Monzó, mandamás de Diputados y el ministro de Educación, Esteban Bullrich.

Ese tridente -más amable y próximos para los dirigentes del PJ que otros de formato y perfil empresarial- voló el miércoles para la jura de Roxana Bertone como gobernadora. Ese episodio los juntó con los peronistas pero quien los sentó en la misma mesa fue el banquero Jorge Brito, anfitrión de un brindis que estuvo cruzado por un tema tan ineludible como cargado de silencios y sobreentendidos: el decretazo de Macri para sentar de modo exprés a Horacio Rosatti y Carlos Rozenkrantz como jueces de la Corte Su prema.

Ningún macrista pronunció la palabra error o malentendido, pero los PJ leyeron sus gestos -expertos en kinésica; fans del "lie to me"- e interpretaron que esos dirigentes PRO hubiesen preferido otro mecanismo para resolver el expediente de los cortesanos. Monzó, en rigor, es una víctima de esa metralla al igual que Federico Pinedo.

A la misma hora, por TV apareció una luz: Macri, en una entrevista con Susana Giménez, validó su derecho a designar los jueces pero confirmó que las juras de Rosatti y Rozenkrantz serán en febrero, tal como pidió Ricardo Lorenzetti, el presidente del tribunal mayor. La asunción diferida de los cortesanos M fue rápidamente leída en el PJ como un atajo y una oportunidad porque aporta tiempo para discutir y negociar.

A los peronistas, en especial los gobernadores y los legisladores territoriales, los incomodó tener que meterse tan tempranamente en la trinchera contra Macri. Pero el Presidente logró una magia, efímera, pero magia al fin: unió en el rechazo a todo el panperonismo, de los ultra K -que ayer marcharon a la plaza-, a los gobernadores e, incluso, los unistas Sergio Massa y José de la Sota.

Es una familiaridad esporádica pero se leyó entre diputados y senadores como un elemento que sirve, en medio de los sacudones, para soldar jefaturas y referencias. Aun con una dosis de simulación, la foto de Daniel Scioli entre Héctor Recalde y José Luis Gioja -antes, el exgobernador charló a solas con el sanjuanino, su peronista preferido- mostró cierta unicidad tras las heridas por el reparto de autoridades que impuso Cristina de Kirchner.

Anteayer, el scrum con poder de fuego real en el decretazo avisó que no votarán los pliegos de Rosatti y Rosenkrantz si éstos asumen como jueces de la Corte "en comisión". Los senadores, comandados por Miguel Ángel Pichetto, habían demorada esa declaración a la espera de la señal de una posible marcha atrás. La confirmación, al anochecer, de que Macri aceptaba dilatar las juras para febrero se entendió como una salida a una encerrona en la que el PJ, salvo ante una fractura expuesta, no podía aprobar los pliegos y Macri no podía, unos días después de anunciar a Rosatti y Rosenkrantz y advertir que jurarían de inmediato, desdecirse tan rápidamente.

El nuevo plazo pone varias semanas por delante para sentarse a negociar con un Senado que debe, primero, dar de baja los procedimientos de Domingo Sesín y Eugenio Sarrabayrouse, los postulantes para la Corte que Cristina propuso 40 días antes de dejar la Casa Rosada. La demora sirvió, al menos, para aplacar la furia pero no para frenar la marcha a la que fueron diputados del FpV luego de la segunda juntada de la semana.

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