En el acuerdo de ayer al mediodía, las conversaciones que la Corte había entablado con el Gobierno en febrero parecieron lejanas. En ese entonces apuntaban a resolver la crisis presupuestaria del Poder Judicial con fondos del Tesoro y, un porcentaje menor, con aportes del máximo tribunal. Encuentros que se desarrollaban en la oficina de Capitanich en Balcarce 50 y donde todo transcurría en una sintonía cordial.
Irritó sobremanera a los ministros, tal como compartieron en su cónclave semanal, conocer el dato de que el viceministro de Justicia, Julián Álvarez, ha comunicado, por la vía extraoficial, de que hasta no obtener los cargos que el kirchnerismo desea en el Consejo de la Magistratura, el Gobierno no facilitaría la firma.
El secretario de Justicia pretende un asiento clave en la administración del cuerpo colegiado. Semanas atrás lo requirió a la Corte por escrito y el pedido fue rechazado. Luego, en su rol de representante del Poder Ejecutivo, se opuso a la aprobación de una obra de infraestructura millonaria que la Corte impulsa para localizar allí el Archivo del Poder Judicial (poco le importó que ese proyecto se realice en coordinación con el Ministerio de Planificación de Julio De Vido).
Aunque nunca lo dirá en voz alta, Álvarez entiende que los jueces, que actualmente controlan la Magistratura, no han honrado un acuerdo. En febrero todo el bloque del kirchnerismo en el Consejo votó al juez Alejandro Sánchez Freytes para la presidencia, con la promesa de que luego éstos podrían acceder al cargo del subadministrador del Poder Judicial. Un acuerdo que tenía el guiño de los jueces pero no de la Corte, donde entienden que una intervención del kirchnerismo en la administración generaría mayores demoras.
Para colmo, en el máximo tribunal ya se conoce que Álvarez está incursionando en la política del gremio de jueces con el objetivo de que la camarista Gabriela Vázquez logre un lugar en el Consejo de la Magistratura en el mes de septiembre. Como su panorama electoral es poco alentador, ésta le ofrece a los potenciales votantes la posibilidad de contar con apoyo del Ministerio de Justicia para cuando éstos concursen para ascender en el escalafón judicial. Una escena que ayer al mediodía se dio en el restorán del gremio de jueces, con un grupo de fiscales y secretarios del ministerio público.
La tensión entre el viceministro y la Corte no se suavizó ni siquiera cuando Ricardo Lorenzetti le concedió un encuentro a solas a Axel Kicillof, por pedido de Álvarez, antes de que éste viajara a Francia para negociar con el Club de París. El ministro de Economía estaba preocupado por los últimos fallos de la Corte en materia aduanera.
También se conoce en las vocalías del cuarto piso de la calle Talcahuano, la idea que Álvarez comparte con el diputado Eduardo de Pedro para que sea el Consejo y no las Cámaras Federales el que se ocupe de los sumarios contra los secretarios que atienden en los juzgados.
El panorama financiero del Poder Judicial ingresa en zona de turbulencias sin la firma de Capitanich. El aumento del 15% pedido por el gremio de empleados merma un precupuesto que hasta ahora se ve favorecido por el alza en la recaudación producto de la inflación.
A los ministros les llamó la atención el pedido del jefe de Gabinete del lunes por la mañana, cuando requirió un pronunciamiento del Poder Judicial respecto del fallo de la Corte de Estados Unidos. Ese mensaje no llegará, no sólo porque el tribunal no tiene causas referidas a los holdouts sino porque es un issue que tampoco afecta a las instancias inferiores como sí sucede con el narcotráfico.
Más allá de las cuestiones álgidas, los ministros ya esperan el libro que Lorenzetti ha prometido para fin de año. Será un relato sobre la experiencia de un abogado (Lorenzetti) que llega a la Corte desde afuera del Poder Judicial. Por estos días abundan las especulaciones sobre quién tendrá a cargo el prólogo del mismo.
| Milton Merlo |


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