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Coti: “Miro a las compañías y hago todo lo contrario”
El creador de “Color esperanza” grabó un disco en el Teatro Colón y lo editó en diferentes formatos a través de su nuevo sello. La canción como herramienta de unión y su desvinculación de la megaindustria.

¿En qué sentido?
C.: Se toca muy bajo. Al escuchar el disco volví al concepto hermoso de que lo que suena es 'Coti en el Colón'. Es un teatro que está presente en la sonoridad, la acústica, la mezcla, los arreglos, en la foto de tapa, contratapa y fotos del interior. Es el primer registro en 4K que se hizo ahí y, también, la primera vez que figura el nombre del teatro en la tapa.
¿Este show levanta tu vara personal?
C.: Cada desafío que cumplí me sirve como un background en el inconsciente. Son pequeñas grandes cosas que vas consiguiendo y todo lo que eso implica a nivel emocional y artístico. Son herramientas maravillosas para sentirse fuerte, realizado. Para girar páginas y afrontar nuevos desafíos. Realmente fue tocar el cielo con las manos.
¿Se puede disfrutar de un show de estas características?
C.: Para mí el escenario no es un mal necesario. Es una piscina donde vuelo, navego, surfeo o me zambullo. Disfruto de ese contacto con mi interior y con lo que me devuelve el público. Desde el segundo tema ya sentí esa vibración.

El concierto recorre gran parte de tu carrera: ¿Cómo se defienden los discos a la distancia? ¿Borraste con el codo alguna canción que escribiste con el corazón?
C.: Hay canciones que grabé en el segundo disco y que hoy generan un cambio de piel y me redescubren como artista. Tener diez discos grabados no es moco de pavo. Me siento un músico que puede tocar en el Colón o solo, en un unipersonal. Me puedo dar esos lujos y salir airoso de esa situación. No porque sea especial, sino porque mi repertorio está en el inconsciente colectivo de chicos a los que les gusta diferentes tipos de música.
Invitaste a Abel Pintos, David Lebón, Rolo Sartorio, de La Beriso y a Facundo Soto, de Guasones. Da la sensación de que sos un músico que une...
C.: Leo lo que la gente proyecta porque es la gente la que nos une. Y, en consecuencia, nosotros no podemos separarnos. Todos hacemos un género enorme como es la canción. Ya lo dejaron claro Mercedes Sosa, Fito, Charly y muchos más. Nos dijeron que todo está relacionado con todo. Que el mundo de la canción es uno. Que la gente lo vive de esa manera. Y estos tiempos son la muestra más clara. Ahora escuchamos playlists: música de hace 40 años mezclada con Los Redondos y lo más nuevo.
Eso antes parecía imposible...
C.: Es que durante mucho tiempo las compañías discográficas, por cuestiones de marketing, intentaron ponernos en diferentes cajones. Con una necesidad de batea. Pero la gente ya no escucha música de esa manera. Hoy se vive la música de una manera más libre. Y nosotros no tenemos que ser sectarios, sino un reflejo de eso.
Le hiciste honor a Fidel y Ernesto, dos de tus tres nombres, y provocaste tu pequeña gran revolución en la música. ¿Por qué crear un sello propio en estos tiempos?
C.: Es ir en contra de la corriente. Tiene que ver con una libertad que estoy sintiendo al desvincularme de las grandes estructuras discográficas. Estoy viviendo y estudiando el nuevo panorama. El trabajo fue editado en todos los formatos porque todos implican un tipo de viaje diferente. Es un espacio que me genero para mí y para mis allegados para demostrar que hay que jugarse por proyectos y darle mucho espacio a la gente joven porque lo de la democratización de las redes sociales es muy relativo.
¿Cuál es la filosofía de Darwin Records?
C.: Es algo contrario al de las grandes compañías. No buscamos resultados o balances instantáneos. No vamos por los números, los views o los rankings. Miro todo lo que hacen las grandes compañías para hacer lo contrario. Y en este momento, que hago lo contrario, siento que voy a hacer lo correcto. Las grandes compañías se alejan cada vez más del sentir artístico real.
Te vas a ganar un grupo de enemigos...
C.: No intento buscar enemigos. No es una crítica. Las compañías tienen que replantearse muchas cosas y, de a poco, se van a dar cuenta de que siempre estuvieron equivocadas.


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