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Cristina avisa: no pactos inter-K sin visa de Olivos
Cristina de Kirchner compartió un acto ayer con Florencio Randazzo, Axel Kicillof y “Wado” de Pedro, mientras Daniel Scioli estaba en Lomas de Zamora con Martín Insaurralde. En el kirchnerismo reinterpretan mensajes de la asamblea como advertencia sobre quién decide los entendimientos.
La postal que mostró a Domínguez con Florencio Randazzo, dos antiguos enemigos asociados, "la interna de la Cuarta", reflejó un principio de pacto entre el ministro y el jefe de los diputados para jugar a dúo en la interna del peronismo K, sobre un protocolo básico, uno cuerpea en la grilla nacional y el otro en la bonaerense. Un eufemismo para no decir -todavía- Randazzo se queda arriba y Domínguez baja a la provincia, entre promesas de mutuo apoyo.
La Presidente interpretó la foto y la rescató como caso testigo para advertir sobre los intentos de autonomía dentro de su propio dispositivo. La centralidad de la Presidente, que ayer se mostró con Randazzo y Axel Kicillof en un acto por la llegada de trenes para el ferrocarril Roca, se sostiene y potencia en la no definición propia y en la de sus satélites. Ella autorizó a que varios dirigentes -de Sergio Urribarri a Agustín Rossi, pasando por Randazzo y Domínguez- salgan a patear la fantasía presidencial, como parte de una coreografía de vitalidad y para diezmar a Daniel Scioli. Ella quiere, también, reservarse la instancia de bajar candidatos o de producir fusiones y acuerdos entre ellos. Esa pareció la letra chica de su curiosa mención a una foto que no era demasiado taquillera.
Dedos
La hipercentralidad que la Presidente pretende reservarse inhibe todo tipo de conductas autónomas dentro del universo K. Y, por temor y obediencia, se cumple casi a rajatabla: la cofradía de alcaldes del PJ del conurbano sur, el gremio peronista más poderoso, siempre leal, no se anima a poner sobre una hoja y firmar al pie su deseo de evitar una PASO nacional.
El salmo de los caciques es Scioli presidente, Ran-dazzo gobernador, pero no se expresa, más allá de algunos fraseos, en lo público. No es una pasión unionista lo que los moviliza, sino la preocupación por evitar que en sus distritos haya más de dos listas y eso ponga en riesgo sus jefaturas. Gente con memoria recuerda que en 2007, cuando Néstor Kirchner autorizó colectoras a granel, históricos como "Manolo" Quindimil en Lanús y Julio Alak en La Plata perdieron la elección con otros peronistas.
En Casa Rosada se transmite como certeza que la Presidente terminó de conectarse el chip de "jugar a ganar" e interpretó, en apariencia a sugerencia de Carlos "Chino" Zannini, que la hipótesis más razonable es autorizar una PASO potente. La teoría circula desde el año pasado voceada por gobernadores como José Luis Gioja, pero aquel formato incluía el ingreso de peronistas no K como los Rodríguez Saá y José Manuel De la Sota. El propio Zannini le puso el cuerpo al plan de dinamitar el acercamiento y detonó el fugaz pacto de Las Cañitas.
La misma regla matriarcal que impone, hasta ahora, la presidente convierte en un simulacro el acuerdo entre Scioli y Martín Insaurralde para que el lomense perdure como candidato a gobernador bonaerense por el FpV. En verdad, el intendente está cada día más cerca de la doctrina eternista de Alejandro Granados que lo invita a quedarse en el distrito donde retiene, según las encuestas, casi el 60% de buena imagen.
Scioli estuvo en Lomas con MI para animar la reconciliación luego de la decisión del intendente de no mudarse, por ahora, al massismo.


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