Cristina, con deslices en la meca de la moda

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Las visitas de Cristina de Kirchner a Nueva York merecen un destacado. Es la ciudad de la moda por excelencia. La que alberga tiendas legendarias como Tiffanys, «flagship stores» de marcas internacionales como Armani, Prada y Bulgari -adorada por la mandataria y que le ha dado algún que otro dolor de cabeza-; espacios soberbios como los que despliegan los zares del calzado femenino, Jimmy Choo y Manolo Blahnik. Hasta allí viajó la semana pasada para asistir a la 65ª Asamblea de las Naciones Unidas, y como siempre, el look que imprime Cristina de Kirchner a sus visitas internacionales es observado de cerca. Suele jugar con las costumbres del lugar y es casi obligatorio que la comparen con figuras como la primera dama estadounidense, Michelle Obama, o la francesa, Carla Bruni, quienes ocupan tapas de revistas especializadas porque marcan tendencia en los guardarropas.

Pero igual Cristina comenzó su estada en la Gran Manzana con un desliz no bien subió al Tango 01. Predecible, se perdió entre uno de sus clásicos sacones sin forma y un foulard para interrumpir tan poca creatividad. Y para colmo, nadie le advirtió sobre la posibilidad de imprevistos, y apenas arribó al aeropuerto John Fitzgerald Kennedy para encaminarse al hotel Four Seasons, donde se hospedó, ocurrió. Una familia argentina la estaba esperando y no sólo la forzó a la cortesía del saludo, sino que la obligó a un gesto más, como posar para las cámaras, que la mostraron con ese look por demás descuidado.

Estaba escondida detrás de sus gafas de sol, cubriendo la cara lavada, pero después terminó la semana con el make-up recargado, ya su marca. El equipo se completaba con un top multicolor combinado con un saco verde loro, con un nudo poco discreto y menos elegante desde todo punto de vista.

«Tener un cargo tan importante a nivel internacional como ser la presidente de un país provoca que no sólo se la mire por su poder, sino por el vestuario que lleva. Se espera que una mujer en esta posición lleve trajes sobrios, con corte algo conservador, poca combinación de colores y de accesorios», explica Edith Cortelezzi, especialista en Ceremonial y Protocolo.

No le hizo falta a la Presidente, sin embargo, salir del hotel para apreciar la moda. Casualmente, en el lobby del Four Seasons, más precisamente en la llamada Galería Forum 57, convocados por la Cancillería, cinco diseñadores y una firma argentinos exhibieron hasta el sábado último algunas de sus creaciones que hacía una semana habían presentado en la pasarela del New York Fashion Week en Lincoln Center. No estaba entre ellos la modista estrella de la Presidente, Susana Ortiz, pero la mandataria se hizo un tiempo para recorrer la muestra y admirar los diseños de Marcelo Senra, Evangelina Bomparola, María Pryor, Laura Valenzuela, Pablo Ramírez y La Dolfina, según confirmó a este diario la directora de la Galería, Jillian Casey.

El jueves la mirada estuvo puesta en la imagen que elegiría para el almuerzo con el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, y el presidente estadounidense, Barack Obama. Llevó una falda que se cubría parcialmente con una chaqueta corte A de un largo tres cuartos, con un estampado blanco con flores grandes en un tono azul grisáceo. Estaba muy bien combinada con el vestido que llevaba Michelle Obama (que por cierto son los tonos de la bandera de la ONU), el traje de Hillary Clinton y la corbata de Barack Obama, aunque la argentina, como siempre, se armó con un estilo más glam.

Para el discurso ante la Asamblea General el viernes volvió a equivocarse. Eligió un color que repite incansablemente, el lila, y en absoluto composé. Una chaqueta lila con puntitos blancos y una falda amplia blanca, igual que los zapatos, cuando disimularía más su parte más pronunciada una tonalidad oscura.

Todo muy claro para una ocasión tan poco sutil y para un discurso que transcurrió entre reclamos políticos de envergadura. Volvió al maquillaje recargado, innecesario para el atuendo que había elegido, con los ojos excesivamente marcados en tonos oscuros. Las luces, en esas exhibiciones, son de lo más crueles; feroces, delatan el exceso de base gruesa que contrasta con un cuello muy blanco.

Adriana Canzzani, técnica en Ceremonial, advierte que «un maquillaje muy pronunciado y fuera de moda podría generar una imagen de rigidez y poco afecta a los cambios. Nada mejor que mostrar una cara fresca, cuidada, y maquillada de acuerdo con la época, la edad, las características físicas del rostro, la hora del día y la ocasión, siempre buscando dar una imagen amable y agradable». Sin dudas, una cuenta pendiente para la Presidente, perfeccionar la apariencia de su maquillaje. Ni a cara lavada ni recargado, aunque después siempre quede esa cómoda alternativa por la que optan divas como Susana Giménez, quienes aprovechan como nadie las bondades del Photoshop.

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