24 de junio 2011 - 00:00

Cristina estira intriga del vice hasta mañana

Jorge Capitanich, Abal Medina, Carlos Zannini
Jorge Capitanich, Abal Medina, Carlos Zannini
Cristina de Kirchner estiró otro día la espera. En un juego de sombras chinescas, pareció desinflarse la hipótesis Jorge Capitanich. El chaqueño regresó, anoche, a su provincia sin novedades o con un secreto lacrado que, se presume, recién se develaría mañana.

La parafernalia que rodeó, en estos días, a Capitanich-una cita postergada el miércoles; un encuentro hipercerrado, ayer, en Olivos- induce a creer que, como mínimo, el chaqueño será una figura protagónica del futuro gabinete cristinista, tras un eventual triunfo K.

Con los días, Capitanich quedó como el único gobernador en la grilla de posibles vices, luego de que bajaran las acciones del radical K de Santiago del Estero, Gerardo Zamora. Eso potenció sus posibilidades, nunca confirmadas pero tampoco refutadas desde Balcarce 50.

Ayer, en ese universo de misterios, se entrecruzaban dos teorías. Una, repetida estos días, lo indicaba como el seguro compañero de fórmula, dato que se leía como una señal al peronismo, y el plan, además, de prepararlo como su heredero en 2015.

Esa alternativa generó expectativas en sectores del PJ aunque, en paralelo, preocupó a los referentes que fantasean con entrar en la carrera -una película lejana- para la sucesión de Cristina dentro de cuatro años, en tanto no haya una reforma multirreeleccionista.

La otra versión empujaba a Capitanich a repetir en su provincia, pero con una cláusula futuro: sumarse, en diciembre, al staff presidencial, quizá como jefe de Gabinete. La teórica exclusión del chaqueño de la lotería de vices agotaba, también, la vía de un gobernador.

Fue, de hecho, una característica que irrumpió poco después de la muerte de Néstor Kirchner. Al menos dos dirigentes K le dijeron a este diario, a fin del año pasado, que el expresidente había planteado que su segundo no sería un mandatario.

Puentes

Ese mandato tenía, según sus traductores, una lógica: un tercer Gobierno K debía operar, en las figuras preponderantes, como un cambio de ciclo. Cuando la Presidente habló, en estos días, de ser un puente entre las nuevas y las viejas generaciones, pareció abonar aquel concepto.

La boleta porteña también: a excepción de Daniel Filmus, que es ulterior al kirchnerismo, pero no es un PJ ortodoxo, la matriz de ese armado apuntó a introducir algún tipo de innovación, encarnado por la imposición de Juan Cabandié como primer legislador.

El resultado, a raíz de los estallidos de las crisis de Schoklender y del INADI, no fue bueno. ¿Espantó esa experiencia a la Presidente o, a pesar de los tropiezos, repetirá o profundizará el mecanismo de imponer figuras que encarnen el purismo K?

Si aquella premisa de Kirchner -que el vice no sería un gobernador- existió y si fue, además, abrazada por la Presidente, las opciones para el sidecar de la fórmula presidencial se reducen a Carlos Zannini, Amado Boudou o Juan Manuel Abal Medina, aunque flamee, siempre, el recurso de un «tapado».

De los nombrados, Abal Medina es quien porta menos pergaminos aunque supo fascinar, con una lealtad extrema, al patagónico y luego a la Presidente, que se rinde ante quienes poseen currículum prolíficos en formación y lecturas. Es, además, quien menos vacío genera en el Gobierno actual.

Boudou, aunque esté entre los posibles, forma parte del pelotón de ministros nuevos que, en caso del recambio que se prenuncia en diciembre, tendría un lugar asegurado en el gabinete: en Economía o en otro destino.

Zannini concentra, en estos tiempos, las tareas que alguna vez se repartieron Kirchner y Alberto Fernández. Su mudanza al Senado podría dejar a la Presidente, confió anoche un ultra-K, sin su principal soporte en la gestión diaria. «Si es vice, va a estar en Casa Rosada», arriesgó un dirigente que frecuenta Olivos.

La secuencia, que se anticipaba anoche, indicaba que la Presidente se verá hoy con Daniel Scioli para destrabar el enigma bonaerense (ver nota aparte), pero que dejará para el sábado, con la intención de monopolizar las tapas del domingo, el anuncio de su vice.

Sobre el delegado bonaerense, Cristina de Kirchner emitió pocas señales. A un ministro que planteó la trascendencia de esa butaca para el «futuro del proyecto» lo frenó con una sola frase: «Quedate tranquilo. Va a ser alguien muy leal».

En estas horas, palabras y elucubraciones, terminarán en la hoguera de lo consumado.

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