Cristina limita “cogobierno” del PJ y condiciona a Scioli

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El protocolo que rigió por más de dos décadas un reducto clave de la política bonaerense está a punto de caducar. La autonomía de la Legislatura provincial para elegir sus mandos tiene desde el jueves pasado una pistola en la sien. Cristina de Kirchner es la verdugo.

Daniel Scioli fue el receptor, en la charla que mantuvo con la Presidente la última semana, de esa novedad contra reloj: desde el 10 de diciembre, el kirchnerismo pretende controlar todos los resortes políticos y administrativos del Parlamento bonaerense.

El modelo, inducido por Cristina, es fatalmente simple: el gobernador tendrá libertad total para confeccionar su gabinete -no hubo, de hecho, vetos al «staff» que le presentó Scioli-, pero la Casa Rosada extenderá su dominio sobre la Legislatura.

Si ese plan se concreta, por primera vez en los últimos 20 años, el reparto de las butacas trascendentales del palacio legislativo bonaerense será digitado a la distancia desde Balcarce 50.

Además de degollar el criterio que se instauró en el 88 de que las cámaras deciden según sus modos y acuerdos los espacios de conducción propia, la Presidente ejecuta otra melodía: destroza el plan del gobernador para tomar posesión de espacios parlamentarios. Scioli, en rigor, no pierde lo que hoy no tiene: los mandos legislativos hoy vigentes se distribuyeron en 2007 sin que el gobernador pueda apropiarse de oficinas relevantes con figuras de su extrema confianza. Falló, de hecho, al intentar entronizar a Martín Ferré. Con el tiempo, sin embargo, construyó cercanías con los jerarcas: primero con Alberto Balestrini y luego con su sucesor en el manejo de la Cámara alta, Federico Scarabino. En Diputados, en tanto, estableció una convivencia fluida con Horacio González.

Pero a futuro el cambio es notable: toda la línea de sucesión bonaerense, si prospera el esquema que pergeña el kirchnerismo, quedará en manos de dirigentes con terminal en la Casa Rosada. Gabriel Mariotto vice, Sergio Berni vice primero del Senado y González presidente de Diputados. Lo del dirigente de Ituzaingó tiene un anexo: el manejo de la Cámara baja es con doble firma, modelo que se inventó en el 97 cuando el peronismo, por entonces duhaldista, perdió la jefatura con la Alianza entre la UCR y el Frepaso.

Antes de entregar la llave, el PJ -que por entonces había ubicado en ese cargo a Osvaldo Mércuri- ideó un esquema según el cual las decisiones administrativas necesitan la firma conjunta del presidente y de su vice. Los voceros K, que anticipan que González seguirá al frente del cuerpo, avisan en simultáneo que harán uso intenso y explícito de ese mecanismo. Una especie de doble comando que por el kirchnerismo ejercerá José Ottavis.

¿Cómo se mide la dimensión de esa doble firma? Por la cantidad de ceros que aparecen detrás del 4 que inicia la cifra del presupuesto de Diputados.

Menos mundana, hay otra razón y es la que debe poner en alerta a Scioli: Cristina no sólo se conformó con imponerle al vice, Mariotto, sino que pretende convertir a la Legislatura provincial en un espacio que tenga como norte Olivos y no la gobernación platense.

Lo administrativo explica las autoridades de las cámaras. La política completa el cuadro y se recorta como el único argumento nítido para que además de la línea de sucesión, el kirchnerismo pretenda imponer a los presidentes de los dos bloques parlamentarios.

Simple: la postura ante las leyes tendrá como filtro de consulta Balcarce 50. Los nombres para esa tarea están en veremos: Cristina Fioramonti, esposa de Carlos Kunkel, se menciona para el Senado, y Juan De Jesús, para la bancada de diputados.

Puede, en el último envión, haber cambios. Es probable, incluso, que el sciolismo ensaye una contraofensiva para, al menos, quedarse con las jefaturas de los bloques.

Fue, por caso, un atajo que supo plantear González como alternativa, antes de la quirúrgica intervención de Cristina, como posible destino de Ferré: «Qué mejor que un siolista para defender el Gobierno de Scioli». Una manera nada sutil de correrlo de la disputa por la presidencia o la vice.

Ferré parece, en este trance, fuera del podio. ¿Lo retendrá Scioli como ministro de la Producción? ¿Parte de ese reordenamiento es la versión de un veto presidencial a Cristian Breitenstein? Por lo pronto, el gobernador viajaría el 25 de noviembre a esa ciudad para hacer un show público de ofrecimiento del cargo al intendente.

En estas horas también terminaría de definirse qué ocurrirá con la cartera de Asuntos Agrarios: parece descartada Carla Campos Bilbao, mientras en el sciolismo mencionan la posible continuidad de Ariel Franetovich, a pesar de que el ministro niega esa posibilidad. Se menciona, quizá sólo para llenar el vacío de nombres, a dos dirigentes del interior: Tomás Hogan y el intendente Germán Cestona, que fue electo diputado. A su vez, Baldomero «Cacho» Álvarez estaba encaminado a ser el segundo de Mariotto. Pero ese lugar está, ahora, dentro del radar del cristinismo que lo quiere para Berni, aliado del vice electo y quizá el poder invisible detrás de ese trono.

Como un juego de palabras, cuando la Legislatura pierde la autonomía, Álvarez se refugia en Independiente.

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