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Cristina a lunares, suma desaciertos
En el acto de juramento de los diputados nacionales, hubo varias políticas que inspiraron su look en el vestido que usó Cristina de Kirchner cuando asumió la presidencia. Entre ellas, Elisa Carrió, Gabriela Michetti y Dulce Granados; Para no pasar inadvertida en su encuentro con Shakira, la Presidente eligió un llamativo traje a lunares.
Es habitual en la Presidente recurrir a un vestuario llamativo, pero pocas veces enfrenta el desafío de competir por los flashes de las cámaras con una estrella como Shakira -siempre comprometida con asuntos de ayuda social-, quien también participaría del encuentro en Portugal. Por eso, Cristina de Kirchner no dudó en encargar a su modista ese tailleur de raso morado con pintas violetas que se mimetizaban con su cabellera cobriza. Una lástima, tan demodé. Demasiado estampado y esa paleta bordeux (como se denomina en el mundo de la moda la gama que abarca desde el púrpura hasta el berenjena), que hace rato dejó de usarse. Si lo que buscaba era no quedar opacada por la bella cantante, acertaba con un look moderado. Después de todo, una mandataria no puede pretender competir con el estilo rockero de una cantante que se pinta las uñas de negro, se tiñe el cabello de rubio platinado, usa vestidos ajustadísimos de Versace y viste enormes plataformas. Sin embargo, sorprendió Shakira al cambiar el estilo sexy por un sencillo vestido negro y maquillaje suave, tal como lo merecía la ocasión, y como no lo logró Cristina de Kirchner.
Con la presencia de la curvilínea novia de Antonio de la Rúa -aunque Shakira cada vez está más delgada y poco queda de esa morocha que fue elegida por la prensa a principios de siglo como la latina con mejores caderas del mundo artístico-, la Presidente volvió al estilo sugerente que la caracteriza, olvidando aquel acierto de su viaje a Roma, donde apostó a resaltar su figura con compostura y elegancia.
Es curioso que con todos los errores y los excesos que la caracterizan, el ajuar de Cristina de Kirchner marca tendencia entre las mujeres políticas de la Argentina. Quedó demostrado el jueves pasado, en el acto de juramento de los nuevos diputados nacionales. Allí, muchas de las damas que asumieron eligieron trajecitos blancos, el mismo tono que escogió la Presidente cuando asumió el mando, claro, el que se usa para las iniciaciones, como el bautismo o el casamiento. Fue el caso de Gabriela Michetti, quien sorprendió con el brillo y ajuar digno de la pureza de una novia, como había aparecido la Presidente ese lunes 10 de diciembre de 2007 en el que se convirtió en mandataria. La macrista se mostró prolija y peinada como nunca, ya que no es habitué de la peluquería, con un brushing con el rostro despejado.
Otra que copió la inspiración fue Elisa Carrió. También con un vestido blanco con detalle de encaje, aunque, precavida, prefirió acompañarlo con un tailleur negro que disimulaba los kilitos de más en la zona abdominal. Puede resultar paradójico que la principal opositora del Gobierno kirchnerista imite el ajuar presidencial. De hecho, para completar su outfit ese día copió la misma regla de oro que instrumenta la Presidente, quien sólo elige carteras importadas. Lilita no reparó en la ostentación y optó por una auténtica Chanel.
El plagio más evidente a la indumentaria de Cristina de Kirchner fue la de Dulce Granados. La diputada por el Frente para la Victoria se habrá dejado llevar por la admiración que dice tener por la Presidente y se mandó a hacer casi el mismo diseño de guipiur que Cristina de Kirchner exhibió al asumir. De todas maneras, nada puede reprocharle la Presidente a la diputada de su partido, ya que ella misma había tomado como musa inspiradora de ese vestido aquel que la princesa española Leticia Ortiz lució en el bautismo de su primera hija.
Las políticas argentinas parecerían ser de las más entrenadas en replicar estilos ajenos, olvidando que la clave de una dama es crear justamente un estilo que la haga única. Sirve de ejemplo la diputada de Unión-PRO Lidia Pinky Satragno, quien presidió la ceremonia de juramento de los nuevos legisladores con la elegancia que la caracteriza y que no abunda entre las damas de la política local. Sencilla, con un tailleur negro y blusa de gasa blanca con colados en los puños y en el escote. Un vestuario fino y moderno que se destacaba en medio de tanta falta de originalidad.


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