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Cristina no escapó a reclamos de la Iglesia: diálogo y pobreza
Cristina de Kirchner saluda en Luján al arzobispo Agustín Radrizzani. La fórmula 2003 y 2009 del oficialismo, Néstor Kirchner y Daniel Scioli, se repitió ayer en el tedeum, donde asistieron los jefes de bloque Agustín Rossi (Diputados) y Miguel Pichetto (Senado), y Guillermo Olivieri, secretario de Culto. José Pampuro y Eduardo Fellner se ubicaron en la segunda fila de la Basílica.
En la Basílica de Luján, copada por militantes kirchneristas aportados por gobernadores del PJ e intendentes del conurbano, el arzobispo de Mercedes-Luján aseguró: «Nos debemos un diálogo magnánimo y sereno que significa abrirnos camino a través de la palabra y, para eso, debemos escucharnos con respeto y fortalecer el consenso sobre referencias comunes y constantes, más allá de partidismos e intereses personales».
En dúplex con la Catedral Metropolitana, Radrizzani aprovechó para pedir frente a Cristina y a Néstor Kirchner que descarten la reforma del Código Civil para legalizar el matrimonio gay: «Toda legislación presente o futura deberá promover la defensa de la idea la familia y del bien común».
Junto al matrimonio presidencial estuvo presente todo el gabinete de ministros, Abuelas y Madres de Plaza de Mayo, el presidente provisional del Senado, José Pampuro; los jefes de bloque Agustín Rossi y Miguel Pichetto; el gobernador bonaerense, Daniel Scioli, y el titular del gremio de los judiciales y referente de la CGT, Julio Piumato.
Durante la homilía, Radrizzani sostuvo que «la Memoria, la Identidad, la Reconciliación y el Desafío son las cuatro dimensiones del Bicentenario de la Revolución de Mayo».
«Estamos en un momento crucial donde debemos defender el bien común y la unidad nacional. Hagamos de los desencuentros una oportunidad de crecimiento. Nos debemos un desarrollo federal, una democracia con valores», afirmó.
El arzobispo hizo un recuento histórico de los elementos que ayudaron a formar la idea de patria, al hablar sobre la Memoria, y luego se refirió a la Identidad. En ese marco habló sobre los «valores y la sabiduría de los pueblos originarios» y remarcó como un valor de la cultura «la búsqueda del respeto a la dignidad del varón y de la mujer», en un pasaje crítico del casamiento homosexual que tratará el Senado.
Radrizzani se detuvo luego en el ítem de la Reconciliación y pidió «humildad» para «hacer de todos lo errores cometidos una súplica de perdón», así como por «tantos egoísmos que nos llevaron a tremendas luchas fraticidas».
En un gesto hacia el poder político, afirmó: «No nos excluimos como Iglesia de las miserias» y señaló que la institución «suplica por una justicia más efectiva, por una mejor y más equitativa distribución de la riqueza y por una mayor independencia de los poderes republicanos».
Sobre el Desafío, Radrizzani aseguró que el Bicentenario «reclama soluciones, presentar propuestas sociales y culturales, y mejorar la calidad de las instituciones».
«Los argentinos nos debemos un mayor desarrollo federal, sano y armónico», evaluó el arzobispo durante la homilía, y pidió «promover, como dice el papa Benedicto XVI, una mayor fidelidad a la democracia, ya que es la única que puede garantizar la igualdad y los derechos de todos».
Por otra parte, aseguró que entre los desafíos de este Bicentenario está también alcanzar «una educación para todos» y acentuó que es «impostergable saldar nuestra deuda con los pueblos originarios», considerando que ambas tareas permitirán la posición de un futuro «de paz y prosperidad».


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