28 de septiembre 2009 - 00:00

Cristina en Nueva York: intentó competir con Bruni y Michelle

Aunque vistió llamativa, Cristina de Kirchner no logró acertar en el look. En cambio, Michelle Obama y Carla Bruni se mostraron elegantes y femeninas.
Aunque vistió llamativa, Cristina de Kirchner no logró acertar en el look. En cambio, Michelle Obama y Carla Bruni se mostraron elegantes y femeninas.
La ocasión invitaba a un despliegue de glamour y Cristina de Kirchner no quiso desaprovecharla para mostrar al mundo su estilo ecléctico y recargado y llegó a Nueva York para participar de la cumbre del G-20 con ajuar de estreno. Tampoco era cuestión de improvisar, en el país del Norte, donde debía competir por los flashes nada menos que con Michelle Obama y Carla Bruni, cuyos looks son admirados por los críticos de moda más importantes del mundo. Y para no sentirse opacada por la belleza y charme de estas dos primeras damas, se aseguró un ajuar femenino y hasta demasiado sensual para el protocolo, con abundancia de transparencias, escotes sugerentes y faldas que dejaban ver un poco más que lo habitual. Lástima que no pudo, en tierra norteamericana, controlar los excesos que la persiguen.

Encandilada con el lujo de la 5ta. Avenida y el chic que abunda en la ciudad de los rascacielos -una de las principales capitales del fashion mundial-, posó para las fotos casi como Carrie, la protagonista de la serie Sex On The City, desfilando llamativos modelitos y accesorios durante su estadía.

Hubo hasta tres cambios de ajuar por día, y mezcla de estilos. Desorientada, por las mañanas se vistió de ejecutiva, con conjuntos clásicos, pero al atardecer, la transformación y la negación a toda formalidad. La blusa semitransparente de seda con estampado en animal print -como las que usan Graciela Alfano y Moria Casán- con la que llegó a la ciudad fue sólo la primera muestra.

El momento clave para las asistentes fue el jueves a la noche, cuando -como en una presentación sobre moda- se encontraron la esposa de Obama y la de Sarkozy con Cristina de Kirchner. Se notó el esfuerzo de las tres por lucir atuendos destacados y modernos. Primero entró al salón quien jugaba de local, Michelle Obama, y fiel a su estilo se mostró fresca con los hombros descubiertos y buen escote en un vestido drapeado, gris y rosa pálido, del diseñador estadounidense Thakoon Panich (uno de sus modistos preferidos). Consciente de sus piernas fibrosas y delgadas, la primera dama de los Estados Unidos se dio el gusto de no usar medias y completó el look con zapatos rosados, cabello recogido y su ya conocido collar de perlas. Carla Bruni, en cambio, optó por la fórmula que nunca falla, el vestidito negro, o «little black dress», como le dicen en el mundo fashion. Con su maquillaje siempre suave -la belleza natural de su rostro y cutis casi no precisan make up- se la vio demasiado discreta, un poco jovial pero correcta, con zapatos de escaso taco -más bajos de los que suele usar su marido, acomplejado por su corta estatura- y moño en la punta.

Cristina de Kirchner, a diferencia de las otras dos, vistió recargada, con un tailleur color borgoña de shantung labrado. La textura pesada del vestido, sumada al maquillaje oscuro, los zapatos engamados y el cabello cobrizo que usó suelto, lograron una monocromía que cansaba visualmente a los observadores.

Nada que ver con la ropa que usó el lunes, mucho más formal, para disertar en la Universidad de Columbia. Traje de pantalón y saco gris con camisa floreada. Pero por la tarde, regresó al estilo femme fatal con un vestido púrpura brilloso, con pronunciado escote, cinturón ancho y zapatos a tono. Un modelo de alta costura, correcto para un casamiento, pero no para una reunión con el titular del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Luis Alberto Moreno y con el secretario Iberoamericano, Enrique Iglesias.

El martes, en un encuentro con empresarios vistió un tailleur crudo con blusa de gasa floreada, que no merecía demasiada atención salvo por el calzado, porque al fin se deshizo de los estiletos y se animó a unos peep toes, ese zapato que deja asomar el extremo de los dos primeros dedos por su puntera abierta, que se puso de moda en los años 40 con las chicas pin-up, como Rita Hayworth, Marlene Dietrich, Marilyn Monroe, Betty Grable y Betty Page. Después, en los 80 fue furor entre las damas de la realeza europea que los exhibían rompiendo los protocolos monárquicos, rebeldía a la que adhirieron entre otras las princesas Diana de Gales y Estefanía de Mónaco.

Igualmente, duró poco con esa ropa, ya que al rato, en la V Asamblea de la Clinton Global Initiative, usó un vestido beige que de tan ajustado remarcaba desprolijamente sus caderas, haciéndola ver demasiado voluminosa. Las formas sufrieron más al combinar con una chaqueta de brocato laminado a la cintura, que dejaron más el talle al descubierto. Es que ese corte en las prendas favorece sólo a las más delgadas.

Como si no fuera suficiente a esa altura el uso de brillos, siempre llamativos, el miércoles apareció Cristina de Kirchner de colorado en la asamblea de la ONU. Totalmente diferente al traje discreto, de saco y pantalón, en tono tiza que usó a la mañana siguiente, cuando llegó a Pittsburgh, para reunirse con sus pares, Zapatero y Calderón.

Ese mismo día, por la tarde, le tocó el turno al look hippie, cuando se calzó una pollera vintage, negra plisada, por debajo de las rodillas a cuadros grises, que acompañó con un saco ajustado, de estampado geométrico. Poco elegante e inapropiado para usar en la toma de la foto oficial de la cumbre. Y ese retrato es la postal que resume con su imagen el look de Cristina de Kirchner en Nueva York: fue la única entre todos los mandatarios, que resaltó por la estridencia de su vestuario.

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