30 de octubre 2009 - 00:00

Cristina, preocupada por la decoración, descuida su ajuar

Cristina de Kirchner
Cristina de Kirchner
Quiere colores a tono con la primavera porque dice que le mejoran el humor y por eso, desde hace algunas semanas, Cristina de Kirchner exige a sus asistentes que adornen su despacho con arreglos florales exóticos, campestres y perfumados. Además, lo ha convertido en condición para cada acto al que concurre fuera de la Casa de Gobierno. «Pide que le preparen una habitación luminosa con sillones, agua mineral y jarrones floridos», cuentan desde el círculo más íntimo de la mandataria. No importa adónde vaya, sea el más exclusivo hotel o una fábrica de automóviles, como la que visitó el martes pasado; siempre debe armarse un espacio para que la dama pueda retocarse el maquillaje y el peinado en la intimidad, y no deben faltar las flores. «Le gustan mucho y la animan», aseguran a su lado.

Como muchos amantes de la naturaleza, tal vez Cristina de Kirchner confía en que las plantas emanan energía positiva y nada mejor que un baño de optimismo en estos tiempos. Claro que nadie esperaba que la Presidente llenara de vulgares potus su escritorio, porque un ramito de flores que alegra cualquier ambiente es un detalle diferente.

Con la llegada de la estación donde se multiplican los pétalos de color, la variedad la invita a elegir entre las especies más exclusivas, como orquídeas o rosas amarillas.

Una lástima que tanta atención en la decoración la distraiga de las elecciones en su ajuar. Esta semana, el guardarropa presidencial abusó de la monocromía. Esa fascinación que tiene Cristina de Kirchner por vestir de un solo color, engamando hasta la cartera, las joyas y los zapatos, la muestra exagerada y, por momentos, aburrida. Como el martes pasado, cuando visitó la fábrica de General Motors en Rosario, con un tailleur, pantalón, calzado, bolso, blusa y pañuelo, todo en azul marino. Desafortunada elección para la ocasión porque su traje se asemejaba a los mamelucos que los obreros usan en esos talleres. Además, en un gesto de amabilidad, no le quedó otra opción más que manejar el nuevo automóvil que la compañía estaba presentando, con los tacos de ocho centímetros puestos (hubiera quedado grosero que se descalzara en público).

Tampoco fue adecuada la elección del tailleur lila que usó ayer para anunciar la creación de la asignación universal por hijo. La noticia merecía algo más feliz, especialmente cuando el día anterior vistió en la paleta de los grises, pero otra vez se equivocó al engamar todo el outfit. Además, la tela de la falda le jugó una mala pasada y se arrugó rápidamente, con lo cual a la hora de dar el discurso se veía desprolija. También llamó la atención la elección de su calzado. Volvió a exhibir los mismos zapatos que había usado la semana pasada, pero en otro color. Ya los tenía en verde y en púrpura, y ahora estrenó el mismo modelo en lila. Seguramente, se le agotó la creatividad en el look y ahora encarga al por mayor sus zapatos, pero en diferentes tonos, como hace con las carteras de Hermès -su marca preferida en materia de accesorios-, de las que tiene más de treinta modelos para combinar con sus trajes. Todo un privilegio que lamentablemente la dama no sabe aprovechar.

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