19 de julio 2010 - 00:00

Cristina quebró los protocolos chinos

Cristina de Kirchner en su viaje a China olvidó las tradiciones de ese país, que exigen un vestuario sencillo y discreto. Usó colores estridentes, texturas brillosas, joyas y pantalón. El único día que acató protocolo fue cuando visitó la Universidad de Economía y Negocios de Pekín y recibió el doctorado Honoris Causa, con la toga que se viste en dicha ocasión.
Cristina de Kirchner en su viaje a China olvidó las tradiciones de ese país, que exigen un vestuario sencillo y discreto. Usó colores estridentes, texturas brillosas, joyas y pantalón. El único día que acató protocolo fue cuando visitó la Universidad de Economía y Negocios de Pekín y recibió el doctorado Honoris Causa, con la toga que se viste en dicha ocasión.
A puro color, Cristina de Kirchner llegó a China con una evidente intención de revolucionar los legendarios protocolos. Dio rienda suelta a sus caprichos de ajuar, como en cada viaje que realiza, sin tener en cuenta las estrictas costumbres que se mantienen en el gigante asiático y que aún como visitante se deben adoptar.

Una única advertencia de sus asesores tuvo en cuenta, la de saludar a los nativos solamente estrechándoles la mano. Los chinos desconocen los saludos afectuosos, de besos y abrazos, y sólo hacen una inclinación hacia adelante en ocasiones sumamente formales. Pero en cuanto al vestuario, la Presidente quebró cada una de las reglas del mandato chino.

Intentó incorporar en su ajuar algún elemento autóctono y por eso predominaron los vestidos brillantes, confeccionados con sedas locales. El calor húmedo se prestó para estrenar prendas livianas. Lo más saliente fue un modelito en rojo furioso. Habrá leído que ese tono tiene larga historia en la sociedad china, no sólo por la identificación con el comunismo, ya que durante años se denominó al país como «China Roja» para diferenciarlo de Taiwán, sino también por sus numerosos simbolismos. Es que en aquella cultura, el rojo es el color de la buena suerte y por eso abunda en las decoraciones de las casas. Hasta el dinero en la sociedad china se ofrece tradicionalmente en paquetes rojos.

Sin embargo, no tuvo en cuenta la dama que ese tono llamativo nada tiene que ver con el vestuario que exigen las formalidades chinas. Dado su carácter conservador, el protocolo chino advierte sobre una vestimenta sencilla y discreta. Los mandatarios, inclusive los visitantes, deben verse discretos y evitar los colores excitantes. Por eso, los presentes se sorprendieron al verla llegar a la reunión con el primer ministro chino, Wen Jiabao, y otros políticos de ese país, de rojo furioso, con un estridente estampado y chaqueta a tono, de seda bordada.

Para colmo, no tuvo mejor idea que combinar el modelito indiscreto con esa gruesa gargantilla de oro macizo, sus aros de platino y brillantes y sus ya conocidos anillos y reloj Rolex. Todo un complemento ostentoso, que guste o no, quebró otra de las normas chinas que aconseja a las damas de la política y el mundo de los negocios despojarse del alhajero. Encima completó con el maquillaje recargado. Para un encuentro entre mandatarios, la formalidad obliga a las damas a usar make up suave, casi imperceptible, algo imposible, por cierto, en Cristina de Kirchner, con sus ojos exageradamente delineados y su rouge brilloso.

Como para terminar de afirmar que poco le importan las normas del país asiático o que las ignora por completo, estrenó estiletos con taco aguja, como usa siempre, engamados con la ropa. En China se espera que mandatarias y primeras damas usen calzado bajo, para no opacar la estatura de los anfitriones. Y aunque una de las reglas universales de este país es quitarse los zapatos al entrar a una casa para colocarse unas sandalias que el anfitrión otorga, para alivio de Cristina de Kirchner nadie le indicó que lo hiciera puesto que sólo visitó lugares públicos.

Por lo menos, tuvo en cuenta, la Presidente, la advertencia de no usar escotes pronunciados o faldas por encima de la rodilla. Todas estas elecciones en señoras de políticos, empresarias o mandatarias están mal vistas. Por eso, el típico vestido chino de verano no tiene mangas, es de corte recto para evitar que se marquen las curvas y con cuello Mao, que impide que se vea la parte superior del torso femenino. Eso sí, al visitar la Expo de Shanghai el jueves, usó pantalones, algo inadmisible para el protocolo mandarín.

Y pese a su agenda apretada, antes de partir de regreso tuvo tiempo de analizar algunos de los catálogos que le acercaron a su hotel las maisons más destacadas de China. También hizo uso de una bicicleta fija, que, se comentó en la comitiva que la acompañaba, se hizo llevar desde Buenos Aires para cuidar su figura en los ratos libres, y compró sedas coloridas para que su modista Susana Ortiz le confeccione algunos modelitos para este verano y disfrutó del Wang Chao, la bebida tradicional del país que se sirve antes de cada comida.

Así, Cristina de Kirchner culminó su viaje, donde se mostró despreocupada de los avatares de elegir un ajuar a la altura de los protocolos chinos. Actuó de la misma manera que hace cada vez que viaja, desplegando un guardarropa de estreno que le aseguró no pasar inadvertida. Aunque esta vez, la atención que atrajo no fue por sus modelitos modernos y a la moda, si no por su falta de conocimiento de los códigos de vestuario de la cultura autóctona, que no cayó bien en algunos de los anfitriones.

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