12 de abril 2010 - 00:00

Cristina reflota look ostentoso para viajar

El mismo vestuario; dos momentos. El jueves, para recibir a su par chileno, Sebastián Piñera, y junto a su marido, Néstor Kirchner, el día que ganó las elecciones presidenciales.
El mismo vestuario; dos momentos. El jueves, para recibir a su par chileno, Sebastián Piñera, y junto a su marido, Néstor Kirchner, el día que ganó las elecciones presidenciales.
Antes de partir a Washington, Cristina de Kirchner cumplió una cábala y se puso el mismo vestido que estrenó el día que, en el hotel Intercontinental, comunicó públicamente su victoria en las elecciones presidenciales. Esa prenda representa el éxito para la mandataria, y así decidió volver a usarla y rememorar esos buenos momentos. A diferencia de aquella época, esta vez no hubo lugar a agradecimientos y halagos para su vice, Julio Cobos. Los piropos, profesionales claro, se los llevó Sebastián Piñera, el recientemente asumido presidente de Chile. La mandataria rescató el modelito floreado y brilloso que usó en el primer discurso que dio en el búnker del Frente para la Victoria para recibir a Piñera en su primer viaje a la Argentina como presidente.

Siguiendo con la tendencia que ensayó la semana pasada de repetir prendas y hacer economía de ajuar, Cristina de Kirchner comenzó la semana previa a su tan ansiado viaje a los Estados Unidos. Pero el cambio no es casual. Por lo bajo, en Olivos, se comenta que, a fuerza de mucha insistencia, los asesores de imagen de la dama lograron convencerla de elaborar un cambio. Especulando con las próximas elecciones, los especialistas que asesoran a la Presidente le sugirieron otro look para desterrar la frivolidad que genera su estilo. Por eso las joyas ostentosas fueron desapareciendo lentamente de su vestuario. Aunque no lograron aún el abandono de la estridencia, sí la repetición de sus conjuntos y sólo para la intimidad el costado de fashion victim.

El intento pareció fracasar en el viaje a Washington. Tanto le gusta el país del Norte, que cada vez que pisa aquellas tierras lo hace acompañada de un extenso equipaje repleto de modelos llamativos creados especialmente para la ocasión. Y vuelve con el doble de maletas. En su último viaje a Nueva York, en setiembre del año pasado, compró tanta cantidad de accesorios y ropa, que sorprendió a su comitiva. A Cristina de Kirchner le resulta una misión casi imposible no tentarse con las novedades de las firmas más top como Chanel, Valentino, Prada y Gucci, que le acercan al hotel donde se hospeda todas prendas pertenecientes a sus últimas colecciones. Un privilegio que sólo pueden darse celebridades, divas y mandatarios.

El viernes, en su primer día en los Estados Unidos, la dama exhibió un traje de saco y falda rojo con detalles de encaje negro para visitar la Cámara de Comercio de Washington. Un ajuar sensual que no pasó inadvertido ante un público en su mayoría masculino. Lo completó con un anillo de oro amarillo y diamantes, y con un collar de perlas. Un conjunto totalmente diferente del que vistió en el museo de esa ciudad el sábado. Allí eligió un pantalón y un blazer de pied de poule en gris y negro. Un look formal, pero que no la favorecía. Es que ese estampado francés (que en castellano significa «pata de gallo» por su forma parecida a esa parte del animal y que impulsó la diseñadora Coco Chanel) agrega volumen a la imagen. Por eso sólo se aconseja a las mujeres delgadas, y no debe llevarse en pantalones si se tiene, como Cristina de Kirchner, caderas prominentes. Además, como todo estampado pesado, nunca debe llevarse, como lo hizo la mandataria argentina, el mismo dibujo en la parte superior y en la inferior. Hubiera sido preferible que lo llevara sólo en el saco. De todas maneras, lo más errado de su vestuario ese día no fue esa elección, sino que el pantalón le quedaba demasiado ajustado en los muslos y le marcaba la entrepierna, un defecto inadmisible para una dama que tiene a disposición modista propia. Encima completó con un exceso de accesorios: un collar de perlas negras, doradas y blancas (ése que compró en su viaje a Nueva York en setiembre de 2008 en una lujosa joyería de East Madison y que le habría costado u$s 13.000) y por encima de la gargantilla un pañuelo tipo corbatín anudado en forma de moño.

Tampoco acertó con su elección ayer, cuando visitó a la jueza Sonia Sotomayor, la primera latina en llegar a la Corte Suprema estadounidense. Seguramente porque se sintió cómoda al tratarse de un encuentro de mujeres, sacó a relucir un estilo más femenino: una falda de seda verde agua floreada y un sweater de hilo manga tres cuartos a tono. Un ajuar naif quizás más apropiado para un día de campo que para una actividad oficial. Además, el sweater también le quedaba demasiado ajustado y por eso con el movimiento de los brazos se le subía hasta por encima de la cintura. Sin dudas, hubiera sido preferible que comprara un talle más grande.

Un viaje con pocos aciertos, aunque seguramente en su regreso a la Argentina retomará la repetición de prendas que le sugirieron sus asesores de imagen. Y, si se permite por primera vez escuchar a especialistas, quizás logre mejorar su look.

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