Cristina regresó a un viejo amor: el sombrero negro

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«Cualquier cosa con tal de no pasar inadvertida»: ése pareció ser el lema de Cristina de Kirchner la semana pasada.

No sólo sorprendió la Presidente al reconocer públicamente en un discurso que en sus épocas de juventud solía tomar vino Toro Viejo con soda, sino también con un ajuar que dio que hablar por la estridencia. Sacó a relucir lo más llamativo de su guardarropas invernal, con trajes superbrillosos, estampados recargados con efectos geométricos y bordados de paillettes.

Pero lo más curioso fue que reflotó un accesorio que había dejado de lado desde noviembre del año pasado: un gorro de fieltro de lana negro con moño de seda, que estrenó en 2009 en su visita a Roma, el día anterior a su encuentro con el Papa. Recuperó ese accesorio el viernes en un acto por el bicentenario de la Prefectura Naval Argentina.

Hace dos semanas ya había sorprendido con un modelito similar en color rojo que cubría su cabellera. Tal vez Cristina de Kirchner se aburrió de coleccionar carteras, zapatos y vestidos y ahora le da por comprar sombreros y tocados de diferentes estilos. Como fuere, sorprendió con ese adorno en la cabeza que encima combinó con un ajustado abrigo blanco y negro con estampado en ped de poule -como se denomina al dibujo que imita la pata de un gallo- y unos guantes de cuero. El resultado fue un look de película, como el que elegían algunas damas de Hollywood en las épocas doradas del cine de los años treinta. O quizás inspiró su nuevo estilo aquél de Jackie Kennedy, aunque la ex primera dama estadounidense se inclinaba por los sombreritos «Pillbox», una suerte de gorra en forma redonda que usaba en la parte posterior de la cabeza.

En cambio a Cristina de Kirchner le gustan los sombreros con ala, estilo bombín, que cubren la frente. Seguramente se inclina por este modelo porque es más juvenil y los usan las adolescentes. Aunque el estilo «teenager» no es apropiado para una Presidente y el accesorio le quitaba seriedad a su look.

Pero más allá del toque naif que le daba el gorro, tampoco fue acertada la ocasión que eligió para reincidir. En el acto de la Prefectura todos los soldados estaban con sus gorras típicas del uniforme, que para las mujeres son sombreros de ala, de un estilo similar al que llevaba la mandataria. No faltaron comentarios de los presentes, que aseveraron que seguramente Cristina de Kirchner no quiso ser menos y por eso optó por estar a tono con el evento luciendo su propio adorno en la cabeza.

Como fuere, otra vez la Presidente se volcó al estilo aparatoso, cargado de estampados y accesorios, que en nada concuerda con la sobriedad que exigen los protocolos. Y aunque dice que se guía por las novedades de la moda internacional, el nuevo vestuario de Cristina de Kirchner nada tiene de las nuevas tendencias que imponen las pasarelas de alta costura. Debería revisar la dama sus elecciones y optar en lugar de sombreros por renovar su peinado y darle seriedad a su indumentaria.

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