Cristina remixó estilo de Evita en acto peronista

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«No hay mejor cosa que ser parecido a uno mismo», dijo alguna vez Cristina de Kirchner, insistiendo en su afán de objetar a aquellos que la comparan con Evita. Sin embargo, sería ingenuo pensar que la casualidad sobrevino en un acontecimiento de tamaña importancia como el acto del martes de la Juventud Peronista. Ese día, la Presidente abandonó la Casa Rosada hacia el Luna Park cubierta de pies a cabeza con esos sacones largos que suele usar para esconder atuendos secretos y crear expectativa. Pero cuando llegó al atril desde donde tomó la palabra en lugar de Néstor Kirchner, en plena recuperación luego de la angioplastia a la que había sido sometido el sábado anterior, la Presidente simuló a Eva Perón por unas horas.

Vistió un traje gris príncipe de Gales, similar al tipo de atuendos sobrios realizados a medida por el sastre Luis DAgostino que la ex primera dama vestía para actos públicos y masivos, como el del 1 de mayo de 1952, cuando brindó aquel encendido y recordado discurso, escoltada de cerca por Perón.

Más de cincuenta años después, Cristina de Kirchner, custodiada también por su esposo, eligió para presentarse ante la multitud un tailleur con una falda recta y una chaqueta bien entallada con ribetes negros en los bolsillos y detrás, y una hilera de botones negros al frente y en mangas, muy característica del look militar y muy a tono con el perfil masculino que la Presidente a veces les imprime a su estilo y a sus intenciones. Sólo le faltó el recogido en el pelo. Contra su explícita resistencia, Cristina de Kirchner ya había plagiado a Evita, pero en materia de joyería, cuando usó, en ocasión del Bicentenario, el prendedor con base de platino y piedras preciosas en celeste y blanco, réplica de uno de los broches favoritos de la ex primera dama (encargado personalmente a los joyeros Van Cleef & Arpels), o con el famoso collar de tres vueltas que guarda celosamente para eventos importantes y que el miércoles decidió sacar del estuche. Hasta la ministra de Industria, Débora Giorgi, quien no es precisamente un ejemplo del buen vestir, tiene una pieza en réplica hecha por el orfebre Marcelo Toledo.

Más allá de diferencias y parangones, Evita sigue siendo aún hoy un ícono de la moda y musa como lo fue para diseñadores como Christian Dior, a quien encargó un famoso vestido que tenía la falda adornada con decenas de hojas bajo cada una de las cuales pendía un brillante de un kilate. «A la única reina que vestí es a Eva Perón», recordaba el modisto francés. Hoy apelan a ella creadores de todas las latitudes para repasar y remixar su estilo. Es el caso de Jorge Ibáñez, cuya última colección fue bautizada Evita 2010 y después de presentarla en la Argentina la llevó a París Fashion Week.

De ella, el diseñador argentino rescata «el refinamiento y el impacto que Evita generaba con su presencia en esa época». Incluso, el ítem inspiración de la colección es un vestido imponente, representado con un pollerón en tules grises y un corsage bordado en cristales plata. Ibáñez toma como musa a esa Evita de la alta costura y la fastuosidad, un camino que Cristina de Kirchner pareciera querer eternizar, eso sí, con un estilo personal y siempre perfectible.

Al margen de la semana marcada con un fuerte tinte peronista que desde su guardarropa y a su manera Cristina de Kirchner quiso homenajear, la mandataria dejó todos los modales a un lado y sin timidez no sólo entonó en el acto del martes la Marcha Peronista junto a Néstor Kirchner, sino que se atrevió a bailar al ritmo de la batucada que los recibió, y a ponerse por unos segundos una gorra azul, parte del merchandising del evento. No es nueva esta modalidad de la mandataria de transgredir las normas protocolares y solidarizarse con quienes animan algún que otro festejo. El día anterior ya había ensayado un paso de baile al son de murgas porteñas, durante el anuncio del proyecto que contempla 15 feriados al año. Hasta posó en las fotos oficiales con un sombrero murguero bastante llamativo, más apropiado para una bailarina que para una Presidente, aunque coherente con su perorata de ser «una más».

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