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CRISTINA, SCIOLI, Y LOS AÑOS PARES
Pacíficos ayer en público, Cristina de Kirchner y Daniel Scioli.
El sciolismo, en ascuas, temió una reprimenda transmitida por TV. La filial bonaerense del ultrakirchnerismo fantaseó con un fraseo que certifique en público los reproches que Gabriel Mariotto vomita contra el gobernador.
Pero Cristina obvió el asunto y el peronismo, en particular gobernadores e intendentes, respiraron aliviados: un entrevero entre la Casa Rosada y La Plata, a tres años de la sucesión, es un escenario que la inmensa mayoría del pankirchnerismo no desea.
Sin embargo, el conflicto late y nada indica que a pesar del silencio que ayer eligió la Presidente, esté agotado. La secuela de dichos y entredichos de estos días autoriza lecturas que apenas unos meses parecían desquiciadas.
El menú de alternativas que se exploran en el PJ en torno a la tensión son, a esta altura, extremas. Veamos:
· Ruptura. En febrero, luego de un período de frialdad, un dirigente volvió a compartir una charla a solas con Scioli en La Ñata y lo interrogó sobre el vínculo con Cristina: «¿Me tengo que preparar para una ruptura?», lo sondeó. El gobernador lo miró de reojo y le dijo: «Mirá: yo visitaba a Menem en Don Torcuato, a Rodríguez Saá lo acompañé a renunciar a San Luis y con Duhalde jugaba al ajedrez cuando ya estaba peleado con Néstor. ¿A vos te queda alguna duda de que soy leal hasta el último momento?». Scioli quiso ser contundente sobre un fantasma que no sólo no se disipó sino que tomó volumen tras los recientes chispazos. En sectores del PJ empezó a elaborarse, con pánico, la variable de una ruptura que arrastre al partido a competir en 2013 con dos candidatos: uno K, Alicia Kirchner, y otro sciolista, que en la imaginación de algunos peronistas debería ser Karina Rabolini. Un duelo de damas, casi un clásico bonaerense: en 1997, Graciela Fernández Meijide contra Chiche Duhalde; en 2005, Cristina de Kirchner versus Chiche. Puede presumirse que ni la Presidente ni el gobernador quieren este escenario, pero en sus cercanías hay figuras que motorizan la fractura. Una ráfaga de Cristina contra Scioli en el acto de ayer en San Fernando podría haber dado un indicio belicoso. No lo hizo.
· Desgaste. Una ruptura requiere de dos voluntades. Los que dudan de una conducta desafiante del gobernador pronostican que vendrán meses de planificado daño de parte del kirchnerismo, en particular en el frente económico. La hipótesis del regreso de las cuasi monedas encaja en ese diagnóstico. Anteayer, Cristina Fioramonti, jefa del bloque de Senadores del FpV bonaerense, esposa de Carlos Kunkel y ladera de Mariotto, advirtió que los K dieron las herramientas a Scioli -el endeudamiento de casi 3.000 millones y la suba de impuestos- para que no tenga que emitir neopatacones. Parece un reaseguro a futuro, premeditado, para despegarse de la eventual aparición de bonos para el pago de salarios. Es una jugada riesgosa: ¿está a salvo Cristina de la onda expansiva de una crisis bonaerense?
· Renuncia. Una versión límite del desgaste, que se atribuye a espacios cercanos a Mariotto, habla de una presión semejante sobre Scioli al punto que lo obligue a renunciar a la gobernación para ser candidato a diputado en 2013. Quieren verlo espejado en Carlos Ruckauf, gobernador en tiempos de Fernando de la Rúa, que renunció para jugar como canciller durante el interinato de Duhalde con la peregrina ilusión de ser candidato a presidente. En pocos días, su imagen pública se derrumbó. Los que conocen a Scioli anticipan que esa alternativa no figura en ninguna de las variantes del gobernador.
· Acuerdo. La tesis del vínculo binario, de altas y bajas, habilita naturalmente la opción del acuerdo: como ocurrió en cada elección de 2003 hasta 2011, el kirchnerismo termine por incluir a Scioli en su dispositivo electoral, al menos en la escala de la legislativa de 2013. En particular si algunos indicadores de la economía ponen en duda la primavera K y se modifica el clima respecto del Gobierno. Ante esa eventualidad será necesario mantener la simbiosis electoral. Como ocurre en los años impares.


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