6 de septiembre 2011 - 00:00

Cristina vs. el otro Macri, mala señal para tregua K

Enrique García. Jorge Macri. Daniel Scioli.
Enrique García. Jorge Macri. Daniel Scioli.
La voluntad de pacificación entre Cristina de Kirchner y Mauricio Macri, por ahora sólo sugerida en tenues gestos K o el deseo urgente del porteño, tropezó en estas horas con la realidad más brutal: la activación de un dispositivo para abortar una victoria macrista.

Por mando cristinista, la Casa Rosada y el Gobierno de Daniel Scioli desembarcaron en Vicente López en auxilio del radical K Enrique «Japonés» García con un único propósito: impedir el probable triunfo de Jorge Macri, jefe del PRO bonaerense y primo de Mauricio.

La maniobra es en varios frentes. La Presidente ordenó desmalezar las colectoras K, dispuso una «intervención» sobre la campaña del candidato del FpV y hasta autorizó un cambio de táctica comunicacional que despega a García de su propia figura.

Por un pedido de Cristina de Kirchner al gobernador, el fin de semana el dirigente Leo Rial -funcionario del FOGABA e hijo de Osvaldo Rial, titular de la franquicia bonaerense de la UIA- bajó su lista. El 14 de octubre, con una colectora recaudó casi 5 puntos.

Macri, colgado de la boleta de Eduardo Duhalde, pero con esquema, campaña y estructura propias, sumó el 23,8%, mientras que García apenas llegó al 18%. Desaforado, la primera reacción del «Japonés» frente a la derrota fue culpar la existencia de boletas bis.

El argumento es discutible: en la mayoría de los distritos del conurbano hubo varias boletas K y ningún intendente perdió como García. Pero la Presidente le solicitó a Scioli que baje a Rial y así se hizo. Balcarce 50 busca ahora tumbar la lista del sabbatellista Julio Ceresa, que logró el 5,3%. Esa deserción parece inevitable. En Nuevo Encuentro, el partido de Martín Sabbatella, empezaron a evaluar la alternativa apenas se consolidó el triunfo de Macri.

Ahora discuten cómo confeccionar la retirada que se enreda en un dilema: mantener a Ceresa sería funcional a la victoria del PRO; bajarlo contribuye a la reelección de García, a quien imputan las peores artes conurbánicas. Se supone que primará la pertenencia K y, aun a desgano, priorizarán el rechazo a que se imponga el primo Jorge.

Sumas

La ecuación más básica certifica que si los votos de Rial y Ceresa -algo más del 10%- se transfieren a García (que a su vez retiene el 4,5% de candidatos menores del FpV), la Casa Rosada alcanzaría el objetivo: impedir que gane el macrismo. Pero en política, las sumatorias son ambiguas.

Del entrevero de Vicente López surgen algunas pistas. En lo local, la más sólida advierte que, aun ganando, García enfrenta una debacle irreversible. De lograr la visa para otro mandato, el multirreelecto intendente deberá buena parte de esa victoria a factores exógenos.

Eso a pesar de que el rediseño de su campaña -atribuida a Enrique «Pepe» Albistur-, que anteayer alumbró sus primeros afiches callejeros, despega al cacique de Cristina de Kirchner y focaliza la campaña en lo local. Pragmatismo puro: para frenar un avance macrista, Olivos acepta -hasta sugiere- un desmarque que condena en otros territorios.

En las primarias de Vicente López, la Presidente juntó el 28,7%, tres puntos más que Scioli y 10 más que García. Pero tanto Duhalde (20,5%) como Francisco de Narváez (24,1%) lograron buenos «scores» y, con matices, constituyen un universo de potenciales votantes de Jorge Macri.

Eso explica, según los estrategas K, la «localización» de la campaña: García debe crecer en nichos de votantes ajenos o, al menos, evitar un corrimiento opositor hacia el Macri bonaerense, que con apenas tres meses de campaña irrumpió como una estrella electoral.

Enseñanza

La explícita intencionalidad de la Casa Rosada por frustrar el surgimiento de una isla macrista en el conurbano es un mensaje para el jefe de Gobierno porteño que, en su sempiterna luna de miel, fantasea con un estado de no belicosidad con Cristina de Kirchner.

Los batallones K enviados a Vicente López certifican cuál es, más allá de los espasmos pactistas, el sitio que la Presidente le reserva a la estirpe macrista.

Detrás de la tregua artificial, que apunta a mejorar la colecta de votos para el FpV en Capital y a capturar cargos y butacas porteñas con delegados K, el kirchnerismo desplegará todo su arsenal para aniquilar el surgimiento de un intendente macrista.

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