El Reino Unido fue criticado por la desidia en el cumplimiento de un mandatointernacional: la limpieza de los campos minados remanentes en las islas Malvinas luego del conflicto de 1982. Sucedió durante la apertura de la IX Conferencia de la Convención de Ottawa que comenzó ayer en Ginebra, Suiza, y finalizará el 28 de noviembre. La Argentina y Gran Bretaña habían llegado a un acuerdo en 2006 para realizar un estudio de factibilidad en conjunto con el propósito de levantar los campos minados en las islas.
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El tratado que prohíbe la utilización de minas terrestres anipersonal se denomina oficialmente «Convención sobre la prohibición, empleo, almacenamiento, producción y transferencia de minas antipersonal y sobre su destrucción». Fue dado a conocer en 1997 en Ottawa, ciudad de Canadá, donde inició su aplicación internacional. Entró en vigor y devino obligatorio según el derecho internacional en marzo de 1999, y los países firmantes (156) se comprometieron a que en el término de diez años a partir de entonces levantarían los campos minados. El primer plazo vence en marzo de 2009.
Quince Estados parte que se habían comprometido a limpiar sus territorios de minas anunciaron en la conferencia que no podrán cumplir el plazo y pidieron que se les otorguen prórrogas de hasta 10 años. Son: Bosnia Herzegovina, Chad, Croacia, Dinamarca, Ecuador, Jordania, Mozambique, Nicaragua, Perú, Senegal, Tailandia, Reino Unido, Venezuela, Yemen y Zimbabue. Alegan razones que van desde financiación insuficiente hasta condiciones medioambientales o la dificultad del terreno (Gran Bretaña). Los diplomáticos enviados por el canciller Jorge Taiana a Ginebra cruzaron los dedos para que la observación a los británicos no alcanzara también a la Argentina. En rigor, Gran Bretaña es responsable -detenta la jurisdicción de hecho sobre el archipiélago- ante la comunidad internacional por el incumplimiento a pesar de que está vigente la disputa de la soberanía. Luego de la culminación de la guerra, y con el restablecimiento de las relaciones, comenzó un programa bilateral para la identificación y extracción de las minas sembradas durante el conflicto. A pesar de que esa agenda -de carácter y mandato internacional- no guarda relación con los reclamos por la soberanía de las Malvinas, el clima enrarecido del vínculo bilateral contaminó la marcha de los planes de limpieza de campos minados. Hubo, por caso, reproches de los británicos porque decían no contar con los planos originales confeccionados por los militares criollos.
Integrantes
El Grupo de Trabajo Conjunto Argentino-Británico sobre Desminado comenzó a trabajar en 2001 integrado por diplomáticos y expertos del área, y luego de 5 años de idas y vueltas se llegó a un acuerdo el 2 de noviembre de 2006 para la ejecución del estudio de factibilidad, previo a la extracción definitiva de las minas en el territorio insular. Desde ese momento es poco lo que se conoce sobre los progresos de la operación. Sí se sabe que la empresa encargada de llevarla a cabo fue Cranfield Mine Action, perteneciente a la universidad británica Cranfield, con un presupuesto cercano a los 100 mil dólares. Cumplió tareas preliminares junto a técnicos militares argentinos en retiro: capitán de navío Carlos Nielsen Enemark y teniente coronel José Cimarutti.
El estudio de factibilidad no se limitó a las minas terrestres sembradas por las fuerzas criollas, sino que incluyó todas las sembradas en las islas Malvinas de cualquier origen y que resulten detectadas en el curso del estudio de campo.
Aviso
El almirante de Infantería de Marina Carlos Busser, comandante de la operación Rosario que dio origen a la recuperación del archipiélago, había declarado la existencia de minas colocadas por los británicos en la Segunda Guerra Mundial ubicadas en cercanías de Puerto Stanley.
El 4 de junio pasado el Foreign Office avisó a las autoridades de la Convención de Ottawa que no estaba en capacidad de cumplir con lo establecido: concluir la limpieza de Malvinas en marzo de 2009 y solicitó -según el artículo 5 de esa convención- una prórroga por diez años más. En las islas hay alrededor de 117 campos minados con más de 25 mil artefactos explosivos enterrados en las playas por ambos bandos.
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