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¿Cuál es el precio de un canal sometido a acoso?
Sorprende, así las cosas, que el precio que se mencione, aunque no se pueda confirmar, sea de u$s 80 millones por el 80% de las acciones, hoy en poder de dos familias. El 20% restante ya fue puesto bajo control del Gobierno tres años atrás en el marco de un proceso de presunto fraude financiero de un accionista minoritario.
Juan Domingo Cordero, el comprador anunciado, no es un desconocido en el mundo de los negocios, pero los trabajadores del canal y la parte de la opinión pública que sigue estos temas ven detrás la influencia del presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, un peso pesado del Partido Socialista Unido de Venezuela que se vio postergado por la decisión de Hugo Chávez de ungir a Nicolás Maduro como su heredero.
Cabello, líder del ala militar del PSUV y a quien los suspicaces ven protagonizando más temprano que tarde una fuerte puja interna con Maduro, sabe que su partido no termina el lunes si Maduro gana la presidencia. Al contrario, el eventual presidente electo ya no podrá ampararse por mucho tiempo en la sombra del caudillo muerto y deberá legitimarse por seis años en el ejercicio del poder y en la gestión de un país con un frente económico y social muy complicado.
Será, de ganar, el primer presidente chavista, con todo lo que costará mantener unida esa identidad. De perder... cadáver político y presa de su rival. No hay evidencias de que Cabello conspire en su contra, más allá de los sueños de la oposición. Lo que es objetivo es que se trata hoy de la principal alternativa dentro del oficialismo.
El propio Maduro no ayudó precisamente a despejar las dudas sobre quién está detrás de Cordero. Según dijo esta semana, los dueños de Globovisión vendieron el canal porque saben que Henrique Capriles "va a perder" y decidieron dejar el país. Según él, con el cambio de titularidad, "las compuertas de esa planta televisiva se abrirán a la democracia verdadera". Sabrá por qué lo dice.


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