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Cuando reinventarse es la clave del éxito

El gigante japonés de los videojuegos y electrónica de consumo Nintendo antes del éxito pasó por varias experiencias negativas. En 1889, Fusajiro Yamauchi creó la compañía, que se dedicaba a la producción -a mano- y distribución de un juego de cartas llamado Hanafuda. Para 1955, su bisnieto Hiroshi logró un acuerdo con Walt Disney para utilizar sus personajes en las cartas. Fue ocho años más tarde cuando el nuevo mandamás de Nintendo decidió que la empresa incursionara en otros rubros: administración de taxis, cadenas de comidas, un canal de TV, juguetes electrónicos y hasta albergues transitorios. Fueron todos fracasos, a excepción de los juguetes, aunque los logros tampoco fueron sólidos y la empresa pronto se hundió en deudas. En 1970, uno de los ingenieros de mantenimiento de la planta diseñó un brazo mecánico para su propia diversión. Hiroshi olfateó la oportunidad. El producto se fabricó en serie y para esa Navidad vendió 1,2 millón de unidades. Sería el punto de inflexión para la compañía, que a partir de allí se enfocó en el diseño de consolas y videojuegos.
Mucho antes de la era digital, Nokia ya estaba, por así decirlo, en la industria de la comunicación. El ingeniero Fredik Idestam fundó en 1865 una fábrica de pulpa de madera para la producción de papel a orillas del río Tammerkoski, en Finlandia. Más tarde abrió otra cerca del Nokianvirta, que le dio el nombre actual a la empresa. Fue el primer paso para que años más tarde, junto a una vecina y próspera fábrica de caucho y otra dedicada a la producción de cables, aprovecharan la gran demanda en la industria de redes telegráficas y telefónicas. El camino de Nokia siguió de la mano de la evolución de los sistema de comunicación, hasta convertirse entre 1998 y 2011 en el mayor proveedor mundial de teléfonos móviles, división que ahora fue vendida a Microsoft.
Corría marzo de 1938 cuando Byung-Chull Lee fundó Samsung en la ciudad de Dageu, Corea del Sur. Por ese tiempo la empresa se dedicaba principalmente a la venta de verduras, frutas y pescado que exportaba a Pekín y Manchuria; también llegó a tener sus propios molinos harineros y máquinas de repostería para sus operaciones de manufactura y venta. Pasarían 30 años antes de que el grupo creara su división de tecnología, por la que hoy es reconocido en todo el mundo y está en el top ten de las mayores empresas del mundo.
Toyoda Automatic Loom se dedicaba a la industrial textil y a la producción de telares automáticos y máquinas de coser. Fue a mediados de los años 30 cuando Kiichiro Toyoda, hijo del fundador de la empresa, creó lo que sería el origen de la Toyota Motor Corporation, que actualmente es una de las principales automotrices del planeta. La diferencia entre cómo se escribe el apellido del creador y la marca responde a que para escribir Toyota en japonés se requieren ocho trazos, mientras que para Toyoda, diez. El ocho es considerado de buena suerte en la cultura nipona.
Por último, contaremos el caso de Peugeot. El origen de la empresa se remonta a los inicios del siglo XIX, cuando Jean-Pierre Peugeot instala, entre otros emprendimientos, una fábrica de molinos de café que luego sus hijos, Jean-Pierre II y Jean-Frédéric, convirtieron en una fundición de acero. Incursionan en la producción de diversos artículos, como sierras continuas, muelles y bastidores de paraguas, además de sus famosos pimenteros y saleros de mesa. Otro campo en el que se destacó, y lo sigue haciendo, es en la elaboración de bicicletas. En 1889, Armand Peugeot presenta su primer vehículo a vapor y un año más tarde el primero con combustible derivado del petróleo. Fue el punto de partida para la marca del león en la industria automotriz.

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