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‘‘Cuervo’’: de la pedrada al teléfono rojo
Máximo Kirchner
Eran los días de la 125. Sangrando, Andrés «Cuervo» Larroque fue enfocado por las cámaras y cuando le pusieron el micrófono lanzó un «speach» ultra-K. La mitología neocamporista relata que Néstor Kirchner lo vio por TV y que, de inmediato, lo bendijo como uno de sus protegidos.
Por entonces, «El Cuervo» oficiaba de mano derecha de José Ottavis, que integraba con Juan Cabandié y Mariana Grass el triunvirato que encaró el primer ensayo de organización de la juventud K. Es la protohistoria de lo que fue La Cámpora.
Larroque ascendió surfeando entre la impericia de Cabandié para «conducir» la política y la desconfianza sobre Ottavis. Construyó, por esa vía, una relación directa con Máximo Kirchner y este año, el 27 de abril, se terminó de coronar en el jefe nacional de La Cámpora.
Cuando Cristina de Kirchner lanzó Unidos y Organizados desde la cancha de Vélez, el único neocamporista sobre el escenario, parado a la izquierda de la Presidente, fue Larroque: los demás -Cabandié, Ottavis, Mayra Mendoza, Eduardo De Pedro- se repartían en las tribunas.
Antes, en julio de 2011, se convirtió en candidato a diputado nacional por la Capital Federal en el tercer escalón. Y desde el Congreso coordinó, siempre con teléfono rojo con Máximo en Río Gallegos y acceso vip a Olivos, la irrupción de Unidos y Organizados.
En paralelo, empezó a operar como enlace entre las distintas terminales del funcionariato neocamporista que se distribuyen en los distintos ministerios. El fronting, como guiño de Cristina, para perforar las segundas líneas de la mayoría de las áreas.
Se atribuye a un miembro del gabinete cristinista haber dicho, en un pico de furia, que el día que tenga que abandonar el Gobierno antes de irse lo va a ir a buscar a Larroque. Y no para saludarlo. Ese es el grado de simpatía que genera «El Cuervo».
Un clima parecido sembró el miércoles a la noche en el Congreso cuando su parrafada disparó la reacción de la oposición que, encabezada por Eduardo Amadeo y Enrique Thomas, se fue del recinto. La conducción del bloque y de la Cámara temen que esa bravuconada tenga costos.
Cosmogonías distintas. El enojo de la cúpula legislativa del FpV desentonó con Cristina que ayer al mediodía elogió el voto de 16 y especificó que se logró gracias al FpV y sus aliados. La postura presidencial alimentó la teoría benévola de que Larroque «expulsó» a la oposición para que el Gobierno se quede con la propiedad absoluta del voto 16. Otra mirada sostiene que le hizo un favor a los anti-K: internamente, el PRO y la UCR no tenían unidad por lo que votarían partidos. Larroque, con su exabrupto, los puso en la misma trinchera y evitó que queden expuestas las fracturas dentro de los bloques opositores.


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