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Cueste lo que cueste
La imagen del plantel argentino, con Diego Maradona incluido. Hay un compromiso claro en el grupo: conseguir un resultado favorable que permita seguir con chances de clasificarse.
Tan propenso a las modificaciones de nombres y apellidos en la conformación del equipo, creyó en una cirugía mayor y le apuntó a lo medular. Cuatro cambios: arquero, un central, un volante defensivo y un punta. Sergio Romero hará su debut absoluto en la Selección mayor, en un partido con ribetes de final. Heinze se correrá hacia la zaga para que con Sebastián Domínguez se hagan cargo de dos puntas picantes, como Salvador Cabañas y Nelson Haedo Valdez, e ingresa Papa por el lateral izquierdo. Gago será el doble cinco con Mascherano, y Tevez, el único lesionado de los convocados, le deja su lugar entre los once a Kun Agüero.
Ayer, antes de embarcar hacia Asunción, el entrenamiento giró alrededor de una de los grandes temores de Diego: la pelota parada, subrayando los movimientos defensivos, por la capacidad aérea que tiene el conjunto guaraní. Y obvio, todavía duele la quietud defensiva en los dos primeros goles brasileños de la noche de Rosario. Es cierto, Paraguay, con Gerardo Martino en el banco, no está pasando su momento futbolístico de más alto nivel, pero hay números que hablan por sí solos de Argentina: de los últimos once partidos de Eliminatorias en calidad de visitante, sólo venció en uno (2 a 0 a Venezuela, en esta clasificación mundialista), claro que esta racha adversa incluyen los ciclos de Pekerman, Basile y el actual de Maradona. ¿Merece un equipo que fuera del país consiguió menos del 25% de los puntos? Los puristas dirán que no, pero el fútbol no es la imagen más cabal de la justicia.
Ni el hincha más pesimista podría haber diseñado un escenario como el actual: si la Selección gana, se encamina al Mundial, si empata, ya no dependerá sólo de los resultados propios y si llega caer Sudáfrica será una verdadera utopía.

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