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Cumbre radical para capitalizar parte de triunfo macrista
Ricardo Alfonsín, Javier González Fraga, el economista Adrián Ramos, Claudio Cesario y banqueros como Enrique Cristofani, del Santander Río, almorzaron ayer en ABA.
El problema, entonces, comenzó a girar sobre cómo explicar que los 36.000 votos que por todo concepto obtuvo Silvana Giudici en la elección no se corresponden con la realidad electoral de Alfonsín.
Por lo pronto, se reconoce que, más allá de la ola Macri, el radicalismo jugó el domingo con una oferta pésima, que incluyó desde una candidata a jefe de Gobierno más asociada con las peleas con el Gobierno por la ley de medios, que con un plan de gestión en la Ciudad. De allí hacia abajo, los candidatos a legisladores locales eran poco conocidos o, para peor, con historias no demasiado graciosas de contar en su haber político.
Confesión
El lamento no salió de algún enemigo del radicalismo, sino de las propias filas del partido: «Tuvimos lo que nos merecemos», se reconoció ayer. «Con esta lista y la agenda de campaña era imposible otro resultado». Se culpó también a la fórmula por la falta de crítica al Gobierno de Macri.
Esa colección de errores tiene un origen que no escapa a la dirigencia radical local: la lista fue armada y presentada a la fuerza por el nosiglismo y en contra de la voluntad de la conducción de la UCR porteña. No es un secreto que Carlos Mas Vélez nunca estuvo de acuerdo en ir a elecciones con esos nombres, que sólo tuvieron una bendición colateral por parte de Alfonsín.
Con todos los platos rotos, entonces, el radicalismo comenzará a analizar este jueves cómo direccionar hacia Mauricio Macri el magro apoyo que le permiten esos 36.000 votos. Para tener una dimensión de la tragedia partidaria, ese número era la mitad de lo que podía conseguirse hace 15 años en una interna local.
Alfonsín le prometió el apoyo a Macri la noche de domingo: «Sin perjuicio de las decisiones que adoptará la dirigencia del radicalismo local, si fuera porteño votaría en la opción, a pesar de nuestras claras diferencias con el PRO, a favor de la autonomía de la Ciudad y contra las pretensiones hegemónicas del Gobierno nacional», dijo cuando todavía se contaban los votos.
La ocasión no es habitual: con Macri sin candidato presidencial y Alfonsín en un acuerdo con Francisco de Narváez, el equilibrio de los radicales pasa por contener al electorado clásico de centroizquierda al que siempre intentó seducir el alfonsinismo histórico, pero al mismo tiempo aprovechar el acercamiento con ese centroderecha.
«La ciudadanía ha votado con dignidad y en rechazo a las prácticas extorsivas del Gobierno nacional, desmintiendo la andanada de encuestas que pretendían manipular los resultados preanunciando un triunfo nacional del Frente para la Victoria», dijo Alfonsín el domingo intentando capitalizar parte del triunfo macrista, en línea con lo que hicieron otros candidatos.
Almuerzo
Ayer, el radical siguió su campaña con un almuerzo con representantes de ABA encabezados por su presidente, Claudio Cesario.
Allí, junto a Javier González Fraga, Adrián Ramos, jefe de los equipos técnicos de Alfonsín, y los presidentes y representantes de los principales bancos con sede en la Argentina volvieron a explicar su Plan Casa Joven.


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