16 de diciembre 2013 - 00:00

Cumplir promesas, una dura carrera de obstáculos

Una vez confirmado el triunfo de Michelle Bachelet, centenares de personas coparon la sede de la Nueva Mayoría, en Santiago, con pancartes y banderas chilenas.
Una vez confirmado el triunfo de Michelle Bachelet, centenares de personas coparon la sede de la Nueva Mayoría, en Santiago, con pancartes y banderas chilenas.
Santiago - Un menor crecimiento, un presupuesto fiscal más reducido y un cúmulo de reivindicaciones sociales acumuladas durante años conforman el panorama con el que se encontrará Michelle Bachelet al asumir, por segunda vez, la presidencia de Chile.

"El país ha cambiado" es una frase que se repite a diario en los foros políticos y económicos para tratar de explicar la nueva nomenclatura de una sociedad que durante décadas pareció conformarse con la estabilidad política lograda tras el fin de la dictadura de Augusto Pinochet y el sistema neoliberal heredado del mismo régimen. Pero ahora, nada de eso parece suficiente.

"Hoy se sueña con cambiar muchas cosas, una reforma educacional, nueva Constitución, reforma a la salud", ha dicho el vicepresidente del Banco Central, Manuel Marfán, quien advirtió que esas demandas se deben conciliar con necesidades de corto plazo, como el control de la inflación y el equilibrio fiscal.

A juicio de Marfán y de muchos otros, es la voz de una emergente clase media la que se alza en este momento para reclamar derechos que antes no consideraba indispensables, sencillamente porque estaban solapados por temas más urgentes, como la superación la pobreza.

Parte de esas demandas son las que ha intentado asumir en su programa gubernamental la exmandataria Michelle Bachelet.

Con un discurso mucho más progresista que el que enarboló en su anterior mandato (2006-2010), busca ahora impulsar una reforma que garantice educación universal y gratuita, elevar los impuestos a las empresas de un 20 a un 25% y crear una nueva Constitución que goce de "plena legitimidad".

"Creo en los cambios y Chile está listo y maduro para enfrentar transformaciones y tener el país que todos queremos", aseguró.

Su contrincante, la postulante de derecha Evelyn Matthei, había planteado también algunas reformas en su programa, pero centradas en mejoras a las pensiones básicas, mayor dotación de médicos especialistas en los servicios públicos y combate a la delincuencia.

Más allá de las propuestas, el escenario que se anticipa para 2014 no es del todo favorable. De partida, el crecimiento de la economía está entrando ya en un ciclo menos dinámico, producto de la baja en el precio del cobre, la principal exportación y fuente de ingresos del país.

A ello se suma una disminución en la inversión, que expertos atribuyen en gran medida al fin del proceso de reconstrucción por el terremoto de 2010, que durante los últimos cuatro años ha apuntalado también fuertemente el empleo.

De hecho, el Banco Central y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) han recortado sus proyecciones de expansión de la economía chilena para el próximo año a un 4,2%, bastante por debajo del promedio de en torno del 5,5% registrado en el último cuatrienio.

Las arcas fiscales tampoco estarán rebosantes, ya que el presupuesto público aprobado para 2014 es más bajo que el de años anteriores y fue construido sobre un supuesto de crecimiento de la economía del 4,9%, que difícilmente se concretará.

Pero no sólo la economía tendrá un rostro menos amable en 2014. El ambiente político y social del país tampoco augura tiempos de gran quietud.

Hay importantes sectores que confían poco o nada en que el actual marco institucional dé el ancho suficiente como para generar cambios de fondo.

Evidencia de ello es la baja convocatoria que tuvo la primera vuelta electoral del 17 de noviembre, donde más de un 50% de los potenciales votantes sencillamente no concurrió a sufragar. Para la segunda ronda el panorama fue menos halagüeño aún.

Más explícita que la abstención han sido las declaraciones de dirigentes estudiantiles que han advertido que no aceptarán "cambios cosméticos" al sistema de educación.

"Si aquí no se hace un reforma que contente y que interprete a la ciudadanía, no va haber reforma válida para nosotros", dijo la presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica, Naschla Aburman.

La amenaza no es menor, ya que en 2011 fueron precisamente los estudiantes universitarios quienes pusieron en jaque al Gobierno del actual presidente, Sebastián Piñera, con masivas protestas que se extendieron durante meses y que fueron apoyadas por la mayoría de la ciudadanía.

Agencia EFE

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