Hablábamos el lunes, justo antes de esa rueda terrorífica por la tarde, de la ventaja que significa saber utilizar las dos puntas de un mercado. Y dejar a un lado cuestiones que no tienen que ver con el negocio. Se ha hecho popular la expresión acerca de «Racing es un sentimiento...». Puede que tenga cabida en el fútbol, pura pasión del hincha, sin intereses de por medio. Pero, la Bolsa no es un sentimiento. Y tanto debe dar ganarle en la suba como en la baja. Imaginemos qué ha venido sucediendo desde hace casi dos años, con los operadores que se colocaron del lado «bajista» del mercado, respecto de lo que todos sabemos. Acerca de un pendiente que si no fue vertical, lo ha sido claramente en desnivel y perforando de modo implacable, los pisos de todos los índices en el mundo.
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Pero no es tan sencillo ponerse en situación y poder trabajar con el mercado puesto cabeza abajo. En países como el nuestro el común de los intervinientes se va forjando desde el lado «alcista» y se suele pensar en comprar a $ 10, para vender a $ 12, mucho más que en vender a $ 10, para recomprar a $ 8. Una realidad que puede chequearse en todo círculo allegado al ambiente, y en sobremesas bursátiles, donde se repite la expresión de «cuándo dará vuelta esto...». Los que llegan a un extremo fatal, son los que suelen seguir arriesgando al cambio y se introducen en el peligroso segmento de la «caución», o bien el seductor juego de las «opciones» con la premisa puesta solamente en que la tendencia se dará vuelta y llegará a tiempo la salvación. En tanto, esta enorme ola bajista que azota a todos los índices -a la que Greenspan acaba de describir nuevamente como «la peor en los últimos cincuenta años», sin llegar por ahora a cotejar con la Gran Crisis- ha ahogado más gente en la inundación, que esos terribles huracanes que devastan el Caribe.
Siempre pensamos en el «día después» -porque si es que el mundo no estalla literalmente, toda crisis tiene un final- y lo que costará poder rearmar una base popular en los mercados del mundo, después de la masacre a que han sido sometido todo tipo de inversores.
Caso que no es el argentino, porque en tal aspecto aquí hace ya mucho tiempo que la Bolsa popular, llegando a la calle y a las familias no exista más. Pero necesitamos los mercados chicos, que los grandes puedan volver a funcionar, una de las causas principales es porque -de lo contrario- vienen a chupar sangre de los menores, para cubrir lo que pierden allá.
Solamente a un fanático -sumergido en tonta ideología- se le puede ocurrir que si al NYSE le va mal, a los demás les puede ir bien. O festejar que los bancos se desplomen lejos de aquí, creyendo que el daño quedará en otra parte. Si se reza por el Merval, agregarle una oración por el Dow.
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