5 de diciembre 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

Las nuevas disposiciones sobre los tiempos de liquidación que se aplican, evidentemente con el acento puesto en papeles de «doble cotización» (Buenos Aires-Nueva York), de inmediato -el miércoles- produjo una fuerte contracción en los negocios con acciones: apenas $ 33 millones de efectivo. Momento para vigilar los pasos siguientes, porque podría perder nuestro mercado otro de sus pocos ropajes actuales y denunciando esa cruel desnudez de negocios que -periódicamente- se puede verificar, cuando Wall Street cae en feriado y trabajamos a solas.
Por otra parte, tiene lógica la contracción si se piensa que en el mercado bursátil internacional la están pasando muy mal y que, en lo interno, aparecen tanto las dificultades para el crédito que colabora para procurar liquidez a través de acciones de fácil realización. Como también la corriente que siempre buscará al dólar para guarecerse de las incertidumbres. ¿Qué puede quedar, en el fondo de la lata, para que el mercado accionario trabaje mínimamente lubricado?
Algunos señalarán a la falta de las AFJP como elemento importante y ausente. No nos convence el argumento, aun con las entidades actuando se verían volúmenes mediocres. Y nunca, desde su creación, se pudo desarrollar un mercado bursátil como el que prometían los «folletos» que utilizaban en la época para vender la idea. Fueron siempre rehenes de los títulos públicos. Y en otros casos, hacían fuertes posiciones de ciertos papeles y se sentaban sobre ellos. El cambio en el método de liquidaciones, si lo anterior trascendía lo bursátil y servía para otros fines, no puede ser objetado. Pero, por encima de todo, nos preocupa que ahora el mercado local quede como en dique semiseco, lo que hará mucho más trabajoso cualquier intento de mejoras de fondo y duraderas.
Sería estúpido negar las evidencias, o tratar de disimular cuando las dificultades se van hilvanando en una secuencia fatal. Una buena parte es para todos los recintos del mundo, pero además se le agregan problemáticas locales que dejan al mercado en un interrogante. Y sabiendo que seguirá siendo en total orfandad de medidas oficiales, a un costado de la mira de gobernantes y funcionarios que siguen con la tradición: no considerar necesario, imprescindible, para una economía poseer una Bolsa bien activa y nutrida en especies privadas. Y, en el ideal que nunca se verá, también públicas. Será duro, pero la Bolsa siempre vuelve.

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