Ahí lo tienen a Bernard Madoff, un desprendimiento de la publicitada «nueva economía» (ex presidente del NASDAQ) que se dio el gusto de hacer un desastre, unos años más tarde de lo que hicieron con «las tecnológicas». Mejor que repasemos los lineamientos básicos de la que llamaban la «vieja economía». Son las sociedades que mantienen las bases inmutables, de dar los pasos seguros. De no querer hacer en cinco años lo que debe costar veinte. Y de sostener la estructura empresaria razonablemente sana, sin llegar al «apalancamiento» peligroso. Ni andar emitiendo deuda, como si fueran figuritas. Esto, claro, en componendas con banqueros que se olvidan de sus propias leyes de oro y se inmiscuyen en negocios que pueden multiplicar el beneficio: o llevar a la entidad a la quiebra.
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Vivimos en un mundo moderno donde todo parece ser una apuesta al «todo o nada», con los países también creyendo que el crecimiento acelerado resultará una constante. Y con tasas que son imposibles de sostener, a poco que se hagan cuentas acumulativas de tales tasas. Estamos ya por ingresar a 2009, un ejercicio que se abre ante nuestra vista con mucha oscuridad y algunas pequeñas luces.
Si hay que dejarle una simple sugerencia al inversor, ya que se trata de la zona final del año donde todos los medios realizan «el balance» de 2008 y piden pronósticos a los «especialistas», nos limitaríamos a pedirle que revise bien la mercadería financiera antes de llevarla. Y que, en tema accionario, busquen a las sociedades que hacen bien los deberes sin importar crisis. Pero, también, eludiendo aquellas etapas donde se tira manteca al techo. En síntesis: las compañías que tienen gestiones, siempre con los pies sobre la tierra. Y que no pretenden forjar un imperio de la nada, sino que han ido construyendo un prestigio empresario y soportado que las llamen «antiguas».
Antiguo es el pan y siempre alimenta. Antiguos son los que conocen los peligros de la historia y no los que entraron al juego de telaraña de un Ma-doff que dejó a los supuestamente brillantes como idiotas inexpertos. Y utilizando una "carnada", que se puede ver en zonas de varios siglos atrás. Lo mínimo que podrían hacer los administradores de entidades que fueron atrapadas es sonrojarse y renunciar. Y los clientes de ellas, huir despavoridos de semejantes cretinos. Si para algo debe servir esta crisis, es para sacudir el árbol de los «genios» y volver a las fuentes.
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