12 de enero 2009 - 00:00

Cupones bursátiles

Por ahora enero, con toda la precariedad mediante, se las viene arreglando para también dar razón a lo estadístico y ser, junto con diciembre, los dos mejores meses anuales. Dicho esto en punto a precios y al índice, que es lo que suele interesar tanto a los medios como a la gran mayoría de los intervinientes, una minoría está en autos de que las ruedas se han ido enhebrando con condiciones muy especiales, capaces de variar si se desacomodan las acciones que representan a un rubro. Y sin que afloren más órdenes, para fortalecer los pisos de una manera más sólida. Cierto es que seguimos en medio de las convulsiones de una crisis global, pero cuesta imaginar que se recomponga volumen, aunque se vaya restableciendo el ambiente de todas las Bolsas. Y esto condenaría a nuestro mercado a verse disecado por demás, como bajando una categoría más en el ranking que nos ha visto decaer a través de las décadas. Hoy mismo, la comparación puede ser penosa, porque salta a la vista que la otrora competidora Brasil se ubica en otra esfera. Y seguramente que mercados como el chileno y el mexicano son más considerados que el local.

¿En qué puesto del ranking se nos puede ubicar, detrás de quiénes, a la par de cuáles? No conviene indagarlo demasiado, porque la respuesta podría dejarnos estupefactos. Y se están perdiendo las funciones vitales que justifican el funcionamiento bursátil. Con la bajante del caudal a niveles como los que se están repitiendo desde hace un buen rato, no hay posibilidad de que las empresas cotizantes posean la fuente donde abrevar. La colocación de nuevas acciones, por el camino natural de las «suscripciones», queda totalmente bloqueada. Muy lejos, casi utópico, que puedan recibirse otras compañías a la cotización. Y son tan cerrados en sus miras los gobernantes, que ni siquiera aprovechan el mercado para integrar a las que están volviendo bajo la esfera del Estado.

No advierten que es mucho mejor tener a una sociedad en la vidriera, vigilada por normas y controles, que dejarla en manos de ciertos grupos de funcionarios que harán de ellas las dudosas administraciones de siempre. Ocultos los números al ciudadano, sin posibilidad de saberse qué sucede...

A nada, ni a nadie, parece servirle un sistema tan eficaz y probado como lo es el bursátil. Apenas para jugarle algunas fichas que se caigan del bolsillo o buscar el salario diario. Y eso: es decadencia.

Dejá tu comentario