Sería bueno ahora, si se pudiera, obtener un relevamiento para saber en manos de quiénes están las acciones argentinas en estos momentos. Resultaría una buena base de partida para pensar qué puede hacerse, y hacia dónde apuntar, en caso de que se quisiera hacer algo por levantar la enorme bruma que nos sigue cubriendo.
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Sabido es que existe una porción de los capitales que estaban dentro de las AFJP y que ahora residen en escritorios de la ANSES. Por el momento, parece que tal franja de liquidez está bloqueada dentro del organismo. Obviamente, hay una parte de cada sociedad que está en poder de cada grupo de control. En muchos casos, con porcentajes bastantes mayores a una simple mayoría del 51%.
En todos estos meses, al mundo de las Bolsas les ha ido pésimamente en todas partes. En el caso argentino, tal onda negativa hay que establecerla por dos ejercicios completos. El 2007, donde el índice Merval casi quedó neutro sumándose después el desastre de 2008, donde el índice cayó casi el 50 por ciento.
En consecuencia, se viene asistiendo a un mercado «vendedor», a una plaza «ofrecida», desde mucho tiempo a esta parte. Sabemos también, a través de Perogrullo, que «si alguien vende, es porque alguien compra». Y las ruedas se hicieron siempre, en todo momento estuvieron ambas fuerzas en el mercado. La incógnita es hacia qué boca de succión se han ido yendo las posiciones en acciones que se fueron vendiendo a lo largo de estos dos años.
No hay una respuesta cierta, indiscutible, respecto del segmento que falta. Sabemos de la posición de AFJP, también de lo que es de los grupos de control. Podríamos agregar una tercera porción, más pequeña, que corresponde al inversor «vitalicio». Posiciones de distinto tamaño que van quedando siempre en poder de las mismas cuentas. O bien porque son inversores que tienen un papel generoso, donde se busca la renta a través del dividendo anual. O del inversor que las ha dejado, casi sin ocuparse de ellas, porque sus negocios fuertes pasan por otras vías. Otras posesiones son las llamadas «en cuenta propia», que los propios agentes pueden poseer y que no se venden a precios viles, sino que se aguantan.
Aun así, queda otro segmento: el que vendió y se fue. El que precisó y vendió. El que se hartó. Si esto fue a un embudo, manos fuertes, mucho nos tememos que estemos en mercado ilíquido en papeles. Un problema.
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