17 de abril 2009 - 00:00

Cupones Bursátiles

La sensatez, el análisis -lo más simple posible- del escenario que se presenta. El no dejar que los deseos suplanten a las evidencias. Y nunca retorcer una teoría para que se acomode, por la fuerza, a los hechos. Con esas pocas herramientas, más un poco de experiencia. Otro poco de memoria, para repasar situaciones de iguales síntomas, tendrían -en una buena parte de las veces, no todas- que ponernos en condiciones de saber si es hora de entrar, o de salir. También, en situación favorable para advertir señales no ya de una simple inversión, sino de lo que podría sobrevenir en el contexto, en lo financiero y -por extensión- en lo económico. Lo que hacía que se prendiera una luz amarilla, después una roja, antes de que la «convertibilidad» estallara de repente.

Tiempo donde muchos, que siguen jugando de «gurúes», salían por los medios -además de funcionarios- asegurando que la agujereada «convertibilidad» sería eterna. O, al menos, que no corría riesgos inminentes.

Tiempo previo, cercano al estallido, donde se podían seguir tomando créditos en pesos y traducirlo en dólares: uno por uno. Y los que no veían, o no querían verlo -anteponiendo deseos a evidencias- cometían la peor torpeza: por pagar cuota menor, tomar crédito en dólares (teniendo después que salir con las clásicas «pancartas», pidiendo que el Estado los cubriera).

Y si se retrocede un poco en el tiempo, momentos donde petróleo, soja, cualquier tipo de producto transable en el mundo alcanzaba cimas diarias increíbles no había que recibirse de vidente, para notar que eso debía terminar explotando. Si fue por los bonos de hipotecas, como detonó, podía haber sido por cualquier otro tipo de combustión. Inclusive, la espontánea.

Cuando la goma ya está sumamente tensa, nítidamente se observan los ejemplos en los ciclos de Bolsa, una buena parte -no todos- de los que están en la industria del pronóstico siguen incentivando y fogoneando mercados. Buscando una última línea de futuras víctimas, que se queden con papeles que grandes clientes y casas de inversión interesadas están colocando, desde cierto tiempo atrás. Después, la leyenda que se difunde es que se han producido pérdidas cuantiosas en todas las carteras. Pero, en verdad, la mayor parte se la han ingerido los inversores chicos. Muchos de los recién llegados. O, como en los Estados Unidos, tenencias que estaban en manos de las simples familias de nivel medio. Todo seguirá siendo igual. Los «gurúes» se multiplican. Usted, se defiende solo.

Dejá tu comentario