Alguien nos decía, después de haber leído la columna donde mencionábamos que, al seguir una corta serie de lineamientos sensatos, se podían advertir señales de cambios drásticos en las tendencias (inclusive en la propia economía), que eso sería como tener la llave maestra. Y que no podía ser tan sencillo. Le contamos que había una pieza fundamental, un diente de esa tan buscada «llave maestra», que el método de la sensatez no podía tampoco aportar. Y es la imposibilidad de determinar en qué momento, en qué tiempo, lo que las señales advierten se plasme en los hechos. Baste recordar, a título de ejemplo, cuánto puso desde la primera vez que Alan Greenspan -todavía en la Fed- calificó de mercado «exuberante» lo que sucedía con la trepada que llevaban las tecnológicas y, por reflejo, en el mercado accionario. Más aún, aparecían artículos y opiniones de toda índole que casi se mofaban de lo que el titular de la Fed lanzaba como advertencia.
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No fue de inmediato, no podía serlo. Sólo por casualidad -o después de muchas repeticiones- podría coincidir la estimación con que se produzca el cambio en la práctica. Las señales sensatas estaban presentes bastante antes de que la «convertibilidad» se fuera al diablo. Pero, quizás porque nadie sabía cómo salir de ella sin explosión, tuvo una sobrevida bastante dilatada. Y lo que se viera bien en superficie en el mundo, la crisis, desde mediados del 2008, ya había enviado señales claras un año antes. (Momentos en que Henry Paulson aseguraba que sólo era un «problema financiero»).
Acaso el lector, como otros, hayan interpretado que lo dicho en tal columna resultaba un curso simple y gratuito para recibirse de «gurú», de «vidente», de «pronosticador». O mucho más todavía: de ser la fórmula para poder comprar siempre «al más barato» (precio) y vender siempre «al más caro». Extremos que no existen para poder capturarlos -salvo, también, por casualidad, o un instinto que muy pocos tienen- y que es, en verdad, lo que se busca desde siempre para ser la «llave maestra». Ante señales que son primero leves, pero siguen haciéndose más notorias, puede que alguien se baje del mercado y éste siga subiendo un cierto trecho. O ante señal de reversión, puede que se ingrese con posiciones y la tónica siga bajista. Buscarle fechas con precisión es algo que se reserva a los historiadores -maniáticos en fecharlo todo-, pero lo que surge hoy se formó mucho antes. El detonante es una anécdota.
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