«Dos caminos se abrieron en el bosque y no pude recorrer los dos al mismo tiempo». Lo dijo Robert Frost (se lo dejamos al lector por un rato y después se lo devolvemos al autor, en buen estado). Tómelo, piénselo, anótelo si es que lo ve útil. Aclaremos que: cualquier parecido con hechos próximos, de la realidad, es mera coincidencia. También lo es que pueda traspolarse, intacto, a un bosque bursátil. No fue pensado para ser utilizado en nuestra materia, o inversión, pero: ¡qué bien se acomoda!
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Y la tontita semana anterior, que ni fu ni fa, desembocó en este lunes donde a los muchachos de Wall Street -y por ende a los subordinados del mundo-, se les cayeron los «calzoncillos de Greenspan» hasta las rodillas. De pronto, un cachetazo de la que llaman la economía real, que no está dispuesta a escuchar «cantos de sirenas» que todas las semanas -como en campaña de políticos- les llega desde escritorios de funcionarios, analistas que variaron súbitamente de opinión, «gurúes» que dicen ver todo bien (de un mes para otro) y operadores necesitados de que vuelva a ponerse en marcha la rueda de los mercados, los respalde -o no- la evidencia de la realidad y sus hechos concretos. Fue un lunes duro, donde el Merval se escondió en un feriado y esquivó el guadañazo. Otras veces había sido muy apropiado, porque en la rueda siguiente el Down producía un rebote y Buenos Aires se enganchaba en la buena. Pero, no todo volvería a ser igual...
El martes siguió la baja afuera, más liviana, teniendo que cargar con un claro mensaje antes de empezar: había que pagar en una rueda, por las dos. Y esto no tuvo que ver con inminencias y riesgos locales, sino con el claro tropezón que sufrió el Down».
Mientras Obama anunciaba para el miércoles dar un proyecto de nuevo marco para la actividad bancaria en Estados Unidos, primer intento serio de pasar a papel lo que se vino declamando en estos meses. Los «muchachos» ya estaban armando nueva fiesta con el propio mercado bursátil, pero mucho más con la escalada de repunte en el petróleo y otras mercaderías. Razones: simples y directas. No son tontos y ven que la «moneda mala» que inundó los canales, hará devaluar al dólar. Así, conviene más jugar con «papelitos» sobre mercaderías, aunque la realidad de demanda no apoye un repunte petrolero. Por un lado, reformar.ñ Por el otro, no cambiar. Un mundo tambaleante. Y dos caminos que se abren...
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