16 de septiembre 2009 - 00:00

Cupones bursátiles

Cuando el Gobierno confiscó las tenencias de las AFJP y -posteriormente- se decidió que éstas, radicadas en la ANSES, iban a ser utilizadas con un fin político dentro las empresas privadas (y que, en su origen, no poseían) habíamos mencionado que la respuesta a la jugada desleal -que si bien era legal, distaba de ser legítima- de colocarles directores oficiales era la de promover «suscripciones». Ampliaciones de capital, con «prima» de emisión, que obligara a las arcas oficiales a suscribir y colaborar con las sociedades. O bien, irse licuando en sus posiciones anteriores, hasta perder el porcentual inicial de referencia.

En tal sentido y en una nota que se le había realizado a directivo de Aluar, una frase nos indicó que era la primera -acaso la única- en encaminarse por la senda correcta. Sin citarlo de modo textual, para no tener que recurrir al rastreo de archivos, el espíritu de lo dicho era: ya que el Estado quiere ser socio de la compañía, que acompañe en las necesidades de capital de Aluar. Pasó cierto lapso y al fin se hizo. Lanzó la compañía su emisión, con «prima», y la baraja cambió de manos. Finalmente, la ANSES desistió de integrar esos más de u$s 30 millones, para seguir sosteniendo el mismo porcentual. Y frente a la integración realizada, su porción quedará disminuida. «Tudo bem, todo legal...» -como diría «Don Carlos»- y se le pagó con la misma moneda a los que emplean estratagemas y vulneran todo principio ético.

El asunto es qué sucede con las demás que han sufrido la invasión oficial en sus directorios. Algunas, segura y tímidamente, no habrán de animarse para evitar el clásico revanchismo de estos funcionarios.

Otros grupos de control, acaso por tener que integrar demasiado capital acorde con sus tenencias mayoritarias, aunque lo deseen, no estén en condiciones.

Pero, habrá que aguardar y ver si el ejemplo cunde, haciendo que un convidado que entró por la ventana en las compañías tenga que meter la mano en el bolsillo y participar con dinero, en proporción a lo que se han quedado de las AFJP.

Esto no es nuevo, aunque fue por otras razones. Pero, estando las cajas de BANADE y «Caja de Ahorro» abarrotadas de acciones privadas -en década del 70- por un organismo ridículo, llamado IMIM (que se había creado muchos años antes, pretendiendo que el Estado comprara parando las bajas), las compañías y las suscripciones los fueron licuando. Todo vuelve.

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