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Cupones bursátiles
-en verdad- el mercado no se equivocó.
Lo que hizo, como siempre, fue penalizar los excesos y desvíos que se fueron amontonando, a la vera de los negocios y los indicadores. Unos años antes, tampoco se había equivocado y cuando derrumbó esa campaña de cristal, que habían fabricado con «las tecnológicas».
Son los intervinientes de origen aventurero, con buena mezcla de bribones, los que estiran tanto la goma hasta
que el mercado la corta y les pega en la cara.
Por otra parte, cuando Obama menciona «la falta de reglas» permitiendo excesos y abusos, simplemente debe mirar hacia adentro y no hacia afuera. En un Bernanke y compañía, al que se sostuvo en el cargo, que tenía que colocar las reglas y los límites, y repartir castigos a tiempo. Hacer entender que un sistema que es el que otorga más libertad y derechos para evolucionar sanamente también es el que debe resultar el más severo en penalizaciones y marcos claros de actuación. Pedirles, como parecía que lo hacía, a los propios operadores que se coloquen sus límites y corrijan sus excesos es -como dijera Greenspan- ignorar a la «naturaleza humana» que mueve toda la rueda de los mercados.
Todo el discurso de Obama debió ser más «puertas adentro» de su gabinete y de la Reserva Federal, para que sin más dilaciones se arremanguen en la tarea de «purificar el capitalismo». Para que después esto baje a los banqueros, financistas, agentes bursátiles... e inversores. Marcar claramente el terreno de juego, anunciar los más duros castigos a los que piensen actuar fuera de los límites del campo.
Y advertir con tiempo, adelantarse a próximas jugadas
-con otros activos e instrumentos- que, seguramente, la gran raza de los parásitos de mercado -que fabrican fortunas de la nada y a costa de todos- ya deben estar delineando, para escabullirse entre los espacios muertos de las normas. Alguna vez, Néstor Kirchner -como presidente y ante el vergonzoso canje- acusaba a los bonistas. Obama anda cerca de eso.

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