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Cupones Bursátiles
Arriba, en el gran nivel, tanto surge un Bernanke -indudablemente protagonista de la crisis y gran interesado que esto termine de arreglarse- con el cartelito de: «No hay más recesión». Como el propio presidente Obama advirtiendo que falta todavía, para que la crisis esté en carriles normalizados. Y los datos de la realidad «de campo», fuera de los escritorios y los números estadísticos, informan de mercados en erupción positiva: junto a tasa de desempleo que tiende a crecer y no a aplanarse.
«Los agentes de Bolsa advierten que la liquidez se dirige fuertemente hacia el mercado accionario...». Declaraciones emanadas desde Wall Street, pero que bien pueden lucir en boca de cualquier comisionista de Buenos Aires, de San Pablo, o de otros recintos que están saboreando exquisito gusto a las altas ganancias con papeles empresarios. «La liquidez se dirige», un concepto claro del gran flujo de capital generado por monumentales inyecciones de billetes, desde todas las autoridades monetarias. Y no parece alcanzar...
Al menos es lo que plantea Paul Krugman, el Premio Nobel más mediático y difundido -por ser columnista de The New York Times-, que así como prosigue alertando sobre la figura siniestra de «la doble caída», que podría surgir después de la aparente meseta, incita a «dar mucho más apoyo a las economías». Y que se implementen planes «mucho más agresivos», para apuntalar las economías del mundo. En tal caso, resignando el aumento de los déficits: con tal de evitar la llegada de esa recaída general que, como se sabe muy bien desde lo bursátil mismo, resultaría mucho más letal que el golpe inicial de la crisis.
Se salió ya de la situación crítica. No se salió nada. En realidad, se salió, pero poco. Todo será para mejorar. No, es posible que exista una réplica y más profunda todavía. Hay que cuidar los déficits, con riesgo inflacionario. No, mejor inyectar y apuntalar. Nada está claro aún. Sólo la suba de mercados.


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