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Cupones bursátiles
Pero, algunos días después, aterrizó por aquí un alto representante alemán. Y haciendo hincapié, para título de todos los medios, que era sumamente urgente pagarle al Club de París, porque, de lo contrario, se retrasarán inversiones. Nadie se dio cuenta, tan tontos estamos los ciudadanos, del doble mensaje: a su propio interés por un lado y haciendo regio favor al desbloqueo de las reservas. Y, de paso, a la intención oficial. Justamente cuando en su lugar de origen, Alemania y Francia están tratando de cubrir las falencias del sistema europeo, proponiendo un «FMI» de propia factura (que, por supuesto, estará regido por Alemania).
Estando «gaseoso» por todas partes, ideas que se tiran sobre la mesa sin la menor puesta a prueba, en un lógico maceramiento puertas adentro. A tal nivel llega la audacia del anuncio, que un propio directivo del Banco Central Europe -su economista jefe- salió a rechazar de modo enérgico el planteo. Y en lo que parece un razonamiento muy sensato, apuntó: «Esto crearía un estímulo falso y dañaría a los países con finanzas públicas sólidas...». En nuestro uso doméstico, y poco académico, este economista: «les cantó las cuarenta, a dos gobernantes apresurados».
Sin siquiera tener que agregar a un Obama sumamente ofuscado, sermoneando legisladores porque las cosas no salen como quiere. Y acusándolos de pensar «sólo en el voto» (cuando, seguramente, le estarán diciendo que su cruzada personal les hará hundirse en noviembre). El mundo está loco, o lo parece, como nunca. Y así nosotros conseguimos pasar más desapercibidos, con locuras propias. Y una Bolsa que goza de «coma asistido»: durmiendo plácidamente.


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