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Cupones bursátiles
Y todo lo que desee agregarse, para encontrar justificaciones a la extrema planicie en que todos volvieron a caer.
Los gráficos demuestran que solamente predomina la idea del salario del miedo, picotear en el momento y acumular pequeños beneficios, a sabiendas de que la tendencia de fondo -la madre de todo- sigue con una salud muy precaria.
Ayer repasábamos la complejidad interna, el microclima político y económico que parecemos y la presencia de una inflación creciente, que a pocos parece importar. Al menos, a muy pocos de los que tienen el poder para prestarle atención a las soluciones. Y de esto ya derivó que se noten las primeras estrategias defensivas que emplean los ciudadanos, ante la degradación del valor del dinero.
Y decimos que el conjunto de empresas cotizantes podría hallar una demanda inesperada, de quienes las vuelvan a utilizar como refugio y en virtud del bien tangible, de los activos empresarios.
Indudablemente, una amarga cosecha frente a todo lo que habrá de soportarse, si es que la inflación se sale de cauce a ritmo más acelerado. Que también altera las proyecciones y, las mismas, retroalimentan el círculo vicioso. Todo un proceso que las personas de cierta edad recuerdan muy bien y los más jóvenes acaso hayan leído, o escuchado. Con sindicatos agresivos en sus demandas, sabiendo que las autoridades no habrán de cuestionarlo -por apoyos negociados- el impacto sobre costos, y el traslado a precios, será un proceso casi automático. Todo se ha visto y sufrido muchas veces, pero parece que la sentencia va camino a comprobarse nuevamente: Los que olvidan su historia, están condenados a repetirla.
Los que detentan poderes, siguen enfrascados en ganar pulseadas políticas. Y la inflación trabaja.


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