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La otra, la reunión del G-20 y lo que de allí emane como una suerte de «documento conjunto», era previsible que se podría llegar a eso sin el convencimiento pleno de los que -quizás- deban abdicar de sus convicciones, en procura de tal mensaje común. Las dispersas opiniones resultaron bien demostrativas de que hay divisiones muy abiertas, entre los que aprueban la necesidad del «ajuste» en la economía mundial.
Y los que -como la Argentina- van con su receta de fogonear el consumo a cómo de lugar y sin poder explicar demasiado, de qué modo se puede respaldar el generoso gesto de tapar los desvíos con dinero emitido. Si tal receta fuera posible, muy fácil se resolvería todo tipo de problemas futuros en la economía global. Países que entran en crisis, por sus malas administraciones, inmediatamente socorridos para que sigan disfrutando del carnaval y las poblaciones no deban asumir nada de esos desencajes provocados por sus gobernantes. Con lo que, además, sería tarea sencilla poder seguir resultando los conductores políticos de cualquier nación. Si tratamos de tener un estándar de vida, superior a lo que nos permiten nuestras posibilidades, y se generan turbulencias, alguien vendrá a cubrirnos oportunamente, antes de que los ciudadanos se irriten.
Pero, todo esto es teoría en la declaración de esas «20» voluntades que tratan de imponer un mensaje, pretendiendo que tendrá resultados en la práctica. Lo otro ya está a la vista de todos: la «reforma de Obama» (o de Paul Volcker), que ya ha merecido comentarios internacionales diversos, en los medios del fin de semana. A simple vista, está plena de ambigüedades y de vericuetos, donde se prometen cambios profundos, que se quedan en la puerta.
El simple enunciado de reflotar la idea de 193,0 acerca de dividir drásticamente la banda comercial, de la de inversión, no figura en lo que hemos podido leer. Y ya surgieron las voces de los que están en el centro de la cuestión, los medios de los Estados Unidos, afirmando que esto no les provoca ningún «susto» a los banqueros de la Unión. Un simple maquillaje. Y todo es igual.

