9 de julio 2010 - 00:00

Cupones bursátiles

Mañana -10 de julio- se cumple un nuevo aniversario de la fundación de la Bolsa de Comercio. Así, se completarán 156 años de actividad que apenas ha sido interrumpida, muy brevemente y por algunos días, ante medidas extremas, siempre de orden nacional, por circunstancias muy especiales, de orden político o económico, y a instancias de directivas que emanaron de un Gobierno o de un Ministerio de Economía. Nuestra Bolsa de Comercio, probablemente uno de sus mayores orgullos, enfrentó situaciones de extrema gravedad en cuanto a lo bancario y financiero, sin dejar de actuar y liquidar debidamente sus operaciones pactadas. Y sin obturar la liquidez inmediata del sistema, como tampoco precisando de ayudas extras requeridas a alguna autoridad monetaria. La última crisis, la desatada en nuestro medio a inicios de la década, resultó prueba contundente y cercana al respecto.

Como es tradicional, existe un festejo del acontecimiento y cuando no se puede realizar en la misma fecha conmemorativa, se procura un día cercano. A menos que, como ha sucedido, se adecuen los tiempos a las necesidades de las autoridades nacionales y una vez que las mismas prometen su asistencia.

En la ocasión -según inda-gamos-, la fecha apuntada para el acto se fijó para el 27 de julio próximo.

Recordamos que hace unos días, el titular de la entidad bursátil -Adelmo Gabbi-, recibido en Casa de Gobierno, llevó la invitación formal de la Bolsa de Comercio a la presidente Cristina de Kirchner. Y de tal reunión surgió una respuesta afirmativa de parte de la titular del Gobierno nacional.

Por lo que, se infiere, los compromisos presidenciales obligaron a tener que desplazar casi hasta fin de mes la reunión de los socios de la Bolsa, festejando el nuevo aniversario de mañana.

Tanto hemos escrito, tanto hemos revisado el historial, y tanto hemos vuelto sobre ello, que nuestra opinión se ha hecho redundante acerca de cómo está el sistema bursátil en nuestro medio. Y quiénes -nos parece- resultan responsables de su estado vegetativo, en su brazo bursátil más genuino, el papel accionario. Todo se sintetiza en una simple expresión: la absoluta falta de interés en tal eficaz sistema por parte de los sucesivos gobiernos nacionales y sus correspondientes ministros de Economía. No importa partido ni ideología; la Bolsa ha sufrido la indiferencia de todos por igual. Y ahora sobrevive.