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En su momento, la colocación de directores en las sociedades ya había dejado claro que la ANSES convertía en activas posiciones accionarias que -en poder de los Fondos Pensión- tenían carácter de pasivas, desde el punto de vista político. Un tema que nunca resultó demasiado objetado, pero que daba para razonables discusiones. Porque es seguro que si al conformarse el sistema de pensiones privadas, las sociedades cotizantes hubieran sabido que les podían colocar directores, otra actitud hubieran asumido ante las compras de las entidades.
De todas formas, eso ya pasó y la ANSES no titubeó, al reunir todos los porcentuales en una sola cartera, en enviar directores a las empresas. Pero lo de ahora implica un segundo acto. Y es el querer percibir, sea como fuere, dividendos en efectivo de las compañías, aunque deba pasarse por arriba de las resoluciones de asamblea.
No sabemos cuál será la argumentación, el camino que podrán tomar los que lleven adelante la demanda en el fuero judicial (dejando de lado a la propia Comisión Nacional de Valores). Pero de prosperar esto, puede generar efectos colaterales de proporciones difíciles de imaginar. Además, derribando toda estrategia de las sociedades y que, en época como la que se atraviesa, bien hacen en conservar saldos positivos acumulados, como cubierta para malos resultados, o no caer en endeudamientos funestos. Y, de última, si esto lleva a que las compañías se vean en tal situación, provocar deserciones numerosas, de la oferta pública.
Suponemos que debe estar mereciendo debido tratamiento, en el seno de las empresas de capital abierto y donde participa la ANSES. (Y si no prestaron atención: mejor que lo vayan haciendo.)

