23 de julio 2010 - 00:00

Cupones bursátiles

¿Qué significa, en un mensaje de alto funcionario del mundo, la definición de tener un porvenir «inusualmente incierto» en la economía? Modo tan llano de poder dejar abierto cualquier tipo de pronóstico, y cualquier calidad de resultados, a cierto plazo.

Con esto, nada menos que el titular de la Reserva Federal de los Estados Unidos -Ben Bernanke- envió un mensaje directo, a todo tipo de operador y de inversor: señores, muévanse de hoy para mañana, porque la otra semana no tenemos ni idea de lo que pueda suceder...

Lo que viene a corroborar lo que viene sucediendo, donde solamente ha quedado un tipo de participante en los mercados: de la «raza apostadora», el que toma la colocación en Bolsa como casi un juego de azar. La consecuencia también seguirá siendo la misma: permanentes cambios de dirección, ruedas que lucen firmes y -de inmediato- se ven acosadas por las ventas, para poder «descremar» ganancias cortas. Pero, mucho más arriba de un estado bursátil, está el más imprescindible grado de sanidad de las propias economías. Aquello que ahora se da en llamar la «economía real».

Nos repiquetea el concepto de Bernanke, al que ya hemos ungido como un verdadero poeta de las finanzas. Antes ha dado muestras de sus frases laberínticas, indescifrables, o peor todavía: tan ambiguas, como para que todo posible resultado pueda caber en ellas. Algo así, como si respecto de la Bolsa, uno dijera: «El mercado mañana sube, a menos que baje». O un pronóstico del tiempo, que advierta: «Oscureciendo por la noche, aclarando al amanecer».

Después de tanta expectativa que se fue acumulando, ante palabras del titular de la Fed, haber sembrado la idea de un estado «inusualmente incierto» es como tomarles el pelo a todos. Al propio Obama, que está viendo de qué modo se le acerca el inicio de noviembre -con elecciones parlamentarias- y de qué manera se va diluyendo, mes a mes, la imagen del inicio.

Y nada queda para asirse a los que deben decidir carteras en el mundo, cuando lo que se sabe del punto en que se hallan los Estados Unidos -la «locomotora» del convoy- aparece como flotando en el espacio de astronauta: no se sabe si sube, o si está bajando.

Si a esto se agrega que las colocaciones de países europeos complicados fueron «mágicamente» exitosas, cada cual se aferra a lo que pueda.