10 de septiembre 2010 - 00:00

Cupones bursátiles

Más allá del devenir diario, sobre índices y tendencias, la semana contuvo una noticia que -acaso- solamente pasó como un recuadro completando página.

El título sintetizaba con un tinte lapidario: «Investigan megafraude en Wall Street». ¿Importa en nuestro ambiente, tan chico y tan distante del NYSE»... Al menos nosotros pensamos que sí. Porque lo que se cocina en el mercado que sigue siendo el referente para todo el mundo, debe llamar la atención en los que resultan sus simples satélites lejanos.

Según la que es hoy en día la titular de la Comisión de Valores de los Estados Unidos, la investigación se relaciona «con una enorme cantidad de órdenes sobre acciones. Que se presentaron y cancelaron casi de inmediato...».

Antes de proseguir, nos detenemos sobre una apreciación que nos asombra: «es una práctica común en los mercados actuales». Con esto, la funcionaria involucra al resto de los recintos, con lo cual convierte el hecho particular que se analiza, en una constante universal. (Por lo cual, mejor ir tomando nota de esto, porque si hay pícaros dispuestos a copiar restos pueden estar también muy cercanos...)

El dibujo, tal lo describe la titular de la SEC, consiste que: «algunas firmas envían más de noventa órdenes de compra -o de venta- por cada operación que, finalmente, cierran». A esto le han dado el nombre de «relleno de acciones» y resulta una invasión de órdenes falsas, que inundan al mercado. Y lo que se analiza es si tales prácticas, entre otras también poco ortodoxas, no violan las leyes antes contra conductas «fraudulentas e impropias».

Cabe agregar que esto for-ma parte de una investigación amplia, que apunta a la caída vertical que se produjo en precios del NYSE, en el pasado mes de mayo. Y aunque no suponen que el «relleno de acciones» resulte causa principal de aquello -que se consideró premeditado-, han reparado en un asunto de enviar esa montaña de órdenes falsas, indudablemente ensuciando los normales y prolijos desarrollos para formación de precios.

En la nota, es llamativo, no menciona la denunciante cuál resulta la meta a la que apuntan los que organizan tales programas.

Queda como a consideración de cada lector. (Imaginamos que es como el gato cuando hincha el lomo: generar una inducción, un temor sobre el otro. Malo.)