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Cupones bursátiles
Le diríamos, eso lo sabemos, pero dentro de términos sensatos. Ninguna Bolsa se convierte en «oráculo», como para anticiparse en años a lo que vaya a suceder. Cuando la clásica actitud del «adelanto» -que es natural en el mercado de riesgo- funciona, es que se anticipa, a favor o en contra, a sucesos que ocurrirán en un corto plazo. Y con varias señales anticipatorias para poder darlo casi por seguro. Lo del Dow Jones no tiene que ver con ello, porque ha forjado un camino que cada vez lo separó más de los hechos y evidencias. Y ha creado una suerte de recuperación «virtual», que solamente se puede constatar en sus gráficos, no en variables que hacen a la salud de Estados Unidos. Con lo cual hay que quedarse -a falta de otra explicación a la vista- con la instauración de un juego, sobre activos transables y tangibles, a favor de una moneda que -de tan «barata»- cayó a la categoría de «dinero vil». Y es un jugar en la Bolsa, mientras la tasa no está. No más que eso.
Razón local
En nuestro ámbito también juegan alicientes e incentivos puntuales, así como falta de alternativas.
A sabiendas de una inflación igual, o superior, a lo sucedido en 2010 y con «premio» al dinero que queda distante: buenos son bonos y acciones, dos vehículos para subirse y competir. Con riesgo.


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