31 de enero 2011 - 00:00

Cupones bursátiles

Un enero que comenzó como para ir de paseo por los gráficos, en precios y volumen, se fue tornando cada vez más árido para recorrer y llegando a sus últimas fechas directamente exhausto y en los dos indicadores. Lo que coloca en el plano más lógico, de tener que resultar un ejercicio mucho más luchado, la realidad del mercado local. En cuanto a lo exterior, solamente surgen trazos de orden informativo acerca del trayecto del Dow Jones. Y se llega a saber el dato estadístico, respecto de que está en un punto que tuvo casi treinta meses antes, pero lo que no se consigue establecer -y no lo están intentando mencionar los más reputados analistas- es a qué se le debe adjudicar ese aro de «prosperidad» que rodea al índice del NYSE, cuando la imagen que le transmite su «economía real» persiste en estar más flaca y deprimente que nunca, a pesar de las inyecciones de dólar vil que se le fue incorporando. Nos dirá algún apegado a los libros de texto: «Es que la Bolsa se adelanta...».

Le diríamos, eso lo sabemos, pero dentro de términos sensatos. Ninguna Bolsa se convierte en «oráculo», como para anticiparse en años a lo que vaya a suceder. Cuando la clásica actitud del «adelanto» -que es natural en el mercado de riesgo- funciona, es que se anticipa, a favor o en contra, a sucesos que ocurrirán en un corto plazo. Y con varias señales anticipatorias para poder darlo casi por seguro. Lo del Dow Jones no tiene que ver con ello, porque ha forjado un camino que cada vez lo separó más de los hechos y evidencias. Y ha creado una suerte de recuperación «virtual», que solamente se puede constatar en sus gráficos, no en variables que hacen a la salud de Estados Unidos. Con lo cual hay que quedarse -a falta de otra explicación a la vista- con la instauración de un juego, sobre activos transables y tangibles, a favor de una moneda que -de tan «barata»- cayó a la categoría de «dinero vil». Y es un jugar en la Bolsa, mientras la tasa no está. No más que eso.

Razón local

En nuestro ámbito también juegan alicientes e incentivos puntuales, así como falta de alternativas.

A sabiendas de una inflación igual, o superior, a lo sucedido en 2010 y con «premio» al dinero que queda distante: buenos son bonos y acciones, dos vehículos para subirse y competir. Con riesgo.

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