21 de julio 2011 - 00:00

Cupones bursátiles

Corresponde dejar registrado en nuestra columna, como lo hacemos en cada ocasión, que el martes 18 se efectuó la reunión en la Bolsa de Comercio -festejando sus 157 años- y que se contó con la presencia del Gobierno nacional. Quedó también nuevamente anotado el hecho de no poder realizar el acto en la propia fecha de su fundación -10 de julio-, como así también la ausencia del jefe de Gobierno de la Ciudad (había prometido su asistencia) quitando alguna tensión política que se venía presumiendo. También pasará lo actuado como otra de las innumerables llegadas presidenciales, donde se da un discurso formal poco más de media hora, yéndose luego la comitiva oficial con el «compromiso cumplido».

Medidas concretas, nunca. Incentivos reales, menos. Pero la voz presidencial fue generosa al dejar algún consejo. En especial aquel que dice: «La política comunicacional consiste en hacerles ver a los argentinos que es mejor comprar acciones de sus compañías en lugar de dólares».

Hoy el interrogante sería ¿cómo se logra eso con eficacia y convencimiento? La respuesta oficial, imaginamos, resultaría: «Es un problema de la Bolsa». Y las autoridades del sistema podrán implementar una «política comunicacional» (expresión que impacta) del color e intensidad que deseen. Pero carecerá del real atractivo necesario para que las personas varíen sus hábitos inversores -o colocadores- yendo a las acciones, saliendo del dólar o plazo fijo e, inclusive, de bonos de deuda.

Momento en que recordamos la acertada opinión que sugiere que todo consejo que no cuesta nada, vale exactamente eso. Una expresión adicional, como «el Gobierno hará lo necesario para recrear el mercado bursátil nacional» gozaría de mayor atractivo (y quitaría la imagen distante que emana siempre, como si cada gobernante le hablase a una isla fuera del continente y que se llama Bolsa).

A la expresión anterior, si existiera una intención real, bien se podría agregar sustancia y anunciar alguna medida específica como para promover que un inversor piense en serio suplantar dólares por acciones. Ejemplo: otorgar el ajuste por inflación en los balances. Otro: que empresa que coloque «ON» deba abrir capital y cotizar. Más aún : que sociedades de Estado pasen a ser de carácter «mixto», obligando a ser transparentes. En síntesis, lo que podría soñarse y que casi seguro nunca habrá de concretarse: que la Bolsa importe.

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