17 de enero 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

La segunda parte de un enero que se muestra tan controvertido en sus dos primeras etapas abrirá el juego de las Bolsas cambiando nuevamente de contexto en el escenario. Las rebajas de calificaciones tendrán su derivación en los mayores «premios» que tendrán que pagar los países y sus deudas, al momento de competir en una categoría inferior. Consecuencia que se puede ver en cualquier aspecto de la vida de una empresa, o de un individuo, en la medida en que se degrada su crédito y se mella la confianza, los prestamistas habrán de cobrar más. Porque el riesgo es mayor y -simplemente- por eso. A partir de conocerse la noticia sobre tal rebaja de calificación, obviamente que volvió a circular por Europa el odio hacia la entidad que produjo el dictamen. Aunque a cualquier observador neutral le podía resultar sumamente extraño -con lo que hay que leer, día tras día- que la tan severa problemática que atraviesa, todavía les permitiera estar calificados con las «AAA» (que supone una administración sumamente pulcra, libre de sospechas y de su capacidad de pagos).

Los políticos no dan «pie con bola», es una realidad indiscutida, la imagen se deteriora de modo permanente, aunque sucedan hechos insólitos como el «show» alcista que se permitieron los índices en la primera semana de enero.

Si una Bolsa es un simple «espejo» -otra verdad indiscutida-, aquello que reflejen tiene que ser naturalmente malo. Y si el saldo es a la inversa, se cae en una zona de ficción que -al poco tiempo- se derrumba sin remedio.

Nosotros, calificados de «fronterizos» (aunque nunca aparezca tal alusión, cuando habla algún especialista en carteras), vivimos de manera marginal del tablero central. Lo único que puede aterrizar por estas costas, como en la de otros fronterizos exóticos que componen el grupo, es el capital que deja de llamarse «golondrina», para resultar del tipo ave depredadora, de altísima velocidad de maniobra. Sobrevolar el mercado, tomar las presas y partir velozmente. Con tal mala imagen debemos seguir conviviendo, lejos del calificativo «de inversión» que ostentan otros recintos. Y la fría maquinaria de colocación de capital se mueve con tales conceptos. Si no sos más «AAA», deberás pagar más tasa; si posees la chapa de «fronterizo», apenas te tenemos en cuenta. Salvo para un «toque» oportuno. (Odiar al calificador no soluciona nada...).

Dejá tu comentario