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Cupones bursátiles
Los políticos no dan «pie con bola», es una realidad indiscutida, la imagen se deteriora de modo permanente, aunque sucedan hechos insólitos como el «show» alcista que se permitieron los índices en la primera semana de enero.
Si una Bolsa es un simple «espejo» -otra verdad indiscutida-, aquello que reflejen tiene que ser naturalmente malo. Y si el saldo es a la inversa, se cae en una zona de ficción que -al poco tiempo- se derrumba sin remedio.
Nosotros, calificados de «fronterizos» (aunque nunca aparezca tal alusión, cuando habla algún especialista en carteras), vivimos de manera marginal del tablero central. Lo único que puede aterrizar por estas costas, como en la de otros fronterizos exóticos que componen el grupo, es el capital que deja de llamarse «golondrina», para resultar del tipo ave depredadora, de altísima velocidad de maniobra. Sobrevolar el mercado, tomar las presas y partir velozmente. Con tal mala imagen debemos seguir conviviendo, lejos del calificativo «de inversión» que ostentan otros recintos. Y la fría maquinaria de colocación de capital se mueve con tales conceptos. Si no sos más «AAA», deberás pagar más tasa; si posees la chapa de «fronterizo», apenas te tenemos en cuenta. Salvo para un «toque» oportuno. (Odiar al calificador no soluciona nada...).


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