31 de enero 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

Pase lo que pase en estos últimos momentos de enero, el Merval tiene asegurada la mejor posición -entre todos los mercados del mundo- y si bien hay que recordar que el grueso fue por aquella descomunal, e inexplicable, primera semana donde ganó más del 12%, su mérito no se resiente, porque pasó de ser el peor de 2011, a lo más alcista del primer tramo de 2012.

Alejado el competidor más cercano, el Bovespa, los demás se contentan con mínimos saldos favorables, baste que resulten en positivo.

Pero esto se asemeja a una flor inesperada floreciendo en un desierto y donde en todo horizonte que se busque mirar, se hallarán cúmulos de problemas. Por más que los gobernantes de Italia se hayan regocijado con allanar sedes de compañías calificadoras -como marcando a terceros, responsables de sus males y no de las pésimas administraciones- el país se hallaba paralizado por huelgas de distintos orígenes.

Y por Francia surgió un candidato -al que se ubica ahora como serio aspirante, a desbancar a Sarkozy- que roció el escenario con una serie de disparates que caen muy bien en poblaciones afligidas, pero que poseen un destino previsto.

Hollande, así se llama, no tuvo reparos en advertir que «su principal rival es el mundo de las finanzas».

Y desplegó el arsenal de viejas prédicas -gastadas- de izquierda, prometiendo: impuestos a las grandes fortunas, aumentar alícuotas a bancos y grandes empresas. Agregó las contrataciones públicas, para detener el desempleo. Formando un anillo de fuego sobre el que -como siempre- el capital saltará: en procura de puertos más benignos. Si a Francia le cabe un Hollande, difícilmente pueda detener la partida de los «euros» de su economía. Y en la medida que pueda avanzar en las encuestas, más se podrán ver los alertas «amarillos» sobre los recaudos que tome el capital antes de la llegada de las normas declaradas. Alguien que declare que el mundo de las finanzas es su principal enemigo, tendrá que sufrir -en carne propia- que el enemigo lo deje indefenso y apaleado. La idea es que el capital ingrese de modo genuino, pero hay diversos gobernantes que lo quieren ahuyentar: como si fuera el diablo en persona. Siempre con el mismo gastado latiguillo, que no contemplas que países bien administrados y rígidamente apegados a la disciplina económica: no son vulnerables, ni puestos en la picota por una «calificadora».

Ingresamos ya a febrero y la fiebre global continúa, tan alta que provoca delirios, en muchas mentes.

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